Baladas líricas

Intentar comentar una recopilación de poesía siempre es una tarea difícil. Si además se trata de los poemas fundacionales del movimiento romántico la tarea se vuelve incluso más complicada. Es bien sabido que Wordsworth y Coleridge son los pilares del romanticismo y que fundaron el movimiento con la publicación de las baladas líricas en 1800. De esos poemas Coleridge nos ha legado el inmortal la rima del anciano marinero, que las generaciones posteriores no olvidarían. Wordsworth, por el contrario, nos ha dejado una multiplicidad de poemas eternos.

El análisis del poema de Coleridge se hace complicado debido a su carácter fantástico. Sabemos que el albatros puede simbolizar a Jesucristo, y que su muerte puede significar el sacrificio del hijo de Dios para la redención del género humano. Hegel, en su sistema filosófico, arguye que Dios se manifiesta en la creación y que se conoce a sí mismo a través de su obra. El ser supremo se proyecta en lo creado y vuelve a sí mismo sabiendo quién es. Hay versos en este poema que son memorables, por ejemplo:

And having once turn´d round, walks on

And turns no more his head

Y habiéndose una vez dado la vuelta, sigue andando

Y nunca más habrá de volver la vista atrás.

Versos que nos recuerdan las líneas más famosas de Antonio Machado

Caminante no hay camino

se hace camino al andar

al andar se hace camino

y al volver la vista atrás,

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.

Y estos otros

He prayeth best who loveth best,

All things both great and small:

For the dear God, who loveth us

He made and loveth all.

Mejor reza quien mejor ama

todas las cosas grandes y pequeñas

pues el Dios al que amo, que nos ama a nosotros

creó y ama todo cuanto existe.

La concepción de la poesía de Wordsworth influiría en los siglos posteriores. La definición que da es la siguiente: la poesía es el desbordamiento espontáneo de intensas emociones. Wordsworth quiso componer una poesía llana, basándose en las experiencias de la naturaleza y de los paisajes que frecuentaba desde niño, empleando un vocabulario llano y sencillo, exento de la pomposidad y grandilocuencia del siglo XVIII, visto en autores como Gray y Pope. Entre sus composiciones más célebres se encuentran Tintern Abbey, we are seven o la más famosa intimations of immortality (esta última no se encuentra entre las baladas líricas, pero tuvo una repercusión muy positiva, con la excepción de la crítica de Byron y Ruskin).

There was a time when meadow, grove, and stream,

The earth, and every common sight,

To me did seem

Apparelled in celestial light,

The glory and the freshness of a dream.

It is not now as it hath been of yore;—

Turn wheresoe’er I may,

By night or day,

The things which I have seen I now can see no more.

Había una época en la que el prado, el bosque y el arroyo,

La tierra, y toda visión común

Me parecían envueltas en luz celestial.

La gloria y el frescor de un sueño

Ya no es ahora como fue antaño

Dondequiera que me gire,

De día o de noche

Las cosas que he visto ahora ya no las puedo ver.

Aquí se encuentra la teoría de que en la infancia podemos captar la esencia divina que perdemos con el paso de los años. Hay una preexistencia de las almas que perciben a Dios y a la mente absoluta antes de entrar en los cuerpos, de tendencia platónica.

Luis Cernuda fue uno de los grandes admiradores de Wordsworth y de su poesía. Básteme terminar esta reseña con uno de sus mejores poemas, donde se ve la influencia del autor inglés.

Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo

como una nube en la luz;

si como muros que se derrumban,

para saludar la verdad erguida en medio,

pudiera derrumbar su cuerpo,

dejando sólo la verdad de su amor,

la verdad de sí mismo,

que no se llama gloria, fortuna o ambición,

sino amor o deseo,

yo sería aquel que imaginaba;

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos

proclama ante los hombres la verdad ignorada,

la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu

como leños perdidos que el mar anega o levanta

libremente, con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:

si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

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