Matthew Arnold

De todos los poetas ingleses, tal vez Matthew Arnold ha sido uno de los que la posteridad peor ha tratado. La crítica lo suele colocar el tercero en discordia entre Browning y Tennyson, y él mismo afirmó en una carta a su madre que “tengo menos sentimiento poético que Tennyson y menos vigor y abundancia intelectual que Browning” pero que el tendrá su época como ellos han tenido la suya. Harold Bloom sostiene que al igual que Tennyson, Hopkins y Rossetti, el precursor literario de Arnold fue Keats. Traductor de Homero, es más conocido por su crítica literaria que por sus poesía. De sus poemas, sólo una pequeña parte ha pasado a formar parte de la gloria eterna de las letras. Dover Beach es uno de esos poemas:

Ah, love, let us be true

To one another! for the world, which seems

To lie before us like a land of dreams,

So various, so beautiful, so new,

Hath really neither joy, nor love, nor light,

Nor certitude, nor peace, nor help for pain;

 

Ah, amor, seamos sinceros

con nosotros mismos, porque el mundo, que parece

descansar ante nosotros como una tierra de sueños,

tan variado, tan hermoso, tan nuevo,

en verdad no tiene alegría, ni amor, ni luz,

ni certeza, ni paz, ni ayuda o pena.

Estos desoladores versos ya han declarado la muerte de Dios que Nietzsche proclamará en la gaya ciencia. Aquí no hay Dios, no hay salvación, ni siquiera hay un destello de la naturaleza. Podemos ver un eco en los versos de Ausias March, “de un vientre triste salir me ha hecho natura.” Montaigne es el primer escéptico de la razón de la edad moderna. Arnold es sólo un continuador de este pensamiento. En su obra Stanzas from the Grande Chartreuse encontramos estos conmovedores versos.

Wandering between two worlds, one dead,

The other powerless to be born,

With nowhere yet to rest my head,

Like these, on earth I wait forlorn[1].

Vagando entre dos mundos, uno muerto,

El otro sin poder para nacer

Sin ningún sitio donde reposar mi cabeza

Como estos, en la tierra espero desesperanzado.

Este es el mundo del pesimismo cósmico de Thomas Hardy y del Senancour de Obermann. Arnold definió la religión como “la moralidad tocada de emoción.”

En el libro XII de la metafísica de Aristóteles se declara la existencia del primer motor, y su esencia es pensamiento del pensamiento, un ser que se piensa a sí mismo eternamente. De esta naturaleza es el personaje Empédocles, del poema Empedocles on Etna. Empédocles es definido como “a devouring flame of thought, but a naked, eternally restless mind” una llama devoradora de pensamiento, sino una desnuda mente  eternamente inquieta. En Thyrsis, Arnold demuestra su dominio de la descripción de la naturaleza. Si acaso, este poema puede compararse con la Elegy written in a country churchyard de Thomas Gray.

La muerte y la finitud del hombre frente al mundo son un tema común en la obra de Arnold. Recuerdo con pasión estas líneas: I alone am dead to life and joy, therefore I read in all things my own deadness. Yo solo estoy muerto a la vida y la alegría. Así pues leo en todas las cosas mi propia mortandad.

En la historia de la poesía hay nombres injustamente olvidados o poco conocidos. Swinburne, Rossetti, Laforgue, Wilde… Arnold podría formar parte de ese grupo.

[1] Esta es la poesía de la desesperación de Laforgue; la soledad del hombre frente a la “muerte” de Dios de Vigny, de Jean Paul y de Nerval.

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