La edad de la nada

Debo decir que me siento gratamente sorprendido al leer este libro de 2014. No soy muy simpatizante de la literatura actual, pero Peter Watson demuestra una formidable erudición en esta obra que trata sobre la historia de las ideas, en concreto sobre la idea actual de vivir en un mundo sin Dios. Watson recorre más de 130 años de historia de la muerte de Dios (desde que Nietzsche la proclamase famosamente en 1882) ¿cómo han evolucionado las creencias y los valores desde entonces? De eso trata este didáctico libro en el que Watson analiza cómo los artistas, pensadores, literatos y científicos dan su visión de las cosas de un mundo desacralizado.

Se podría decir que todas las ramas del conocimiento humano son estudiadas en sus memorables páginas. Recuerdo con fruición y alegría las tesis de Shaw sobre Dios, basadas en el élan vital de Bergson y que se sintetiza en las palabras: God is in the making;[1]la taxativa frase de Mallarmé: “no hallé la belleza sino después de descubrir la nada” o la de Wallace Stevens: “cuando se deja de creer en Dios, la esencia que ocupa su lugar como elemento capaz de redimir la vida es la poesía.” También cabe recordar las teorías que Proust defiende en su obra maestra en busca del tiempo perdido: “el deseo es realmente poderoso. Es el padre de la fe…”

En el ámbito filosófico cabe reseñar los puntos de vista de Heidegger, de Russell, de Whitehead entre otros. Heidegger es de sobra conocido por sus tesis sobre el Dasein y el ser en el mundo, que es arrojado y que se angustia frente a la experiencia de la nada. Russell y Whitehead llegaron a escribir los Principia Mathematica, un intento de sintetizar todas las matemáticas en los principios lógicos, empresa que se vio más tarde frustrada con el descubrimiento de Gödel del principio de incompletitud. Russell se declaraba agnóstico, aunque en realidad fuese un ateo práctico, mientras que Whitehead profesaba un platonismo particular donde se daban procesos cósmicos y objetos eternos que ingresan en la realidad paulatinamente a través del tiempo.

Freud define a la religión como obsesión colectiva. Jung, más esotérico, plantea que el ser humano no puede vivir la vida como si ésta no tuviese sentido. De todos los análisis que Watson realiza, me ha llamado especialmente la atención el pensamiento de Eugene O´Neill, dramaturgo estadounidense para quien “el misterio de la vida es insoluble, tanto si optamos por enfocar nuestros problemas desde una óptica psicológica como si preferimos abordarlos desde el flanco metafísico. La búsqueda del significado de la vida equivale a hallar una justificación para el sufrimiento.”

Este libro explora otros fenómenos al margen de la religión, como la teosofía y el ocultismo, el ateísmo científico de la Rusia soviética, las “religiones de sangre” de la Alemania nazi, la psicodelia o la violencia religiosa de nuestros días.

Libro de muy grata lectura, aunque reconozco que hay que poseer un nivel cultural elevado para llegar a entenderlo en su totalidad. El superhombre de Nietzsche, el poder de lo dionisíaco se encarnan en estas agradables páginas

Como dijo Nietzsche: “tenemos el arte para no perecer a causa de la verdad” (la voluntad de poder, n 822) Pues “sólo como hecho estético están justificados el mundo y la existencia” (el nacimiento de la tragedia) Este volumen de Watson justifica nuestra vida alegremente.

[1] Dios se está haciendo.

 

 

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