Miscelánea

Este libro es una recopilación de las reseñas que Borges hizo en la revista Sur, así como una serie de prólogos a los libros que para él eran los esenciales de la literatura. De esta manera este libro es en su mayor parte un estudio de la curiosidad lectora de Borges, que era esencialmente infinita. Borges decía que no leía a los contemporáneos, sino que releía y releía continuamente una serie de libros y autores que eran básicos para él. Schopenhauer, Chesterton, Stevenson, Bloy, De Quincey, Kipling eran algunos de esos escritores a los que continuamente volvía el maestro argentino. Pero su afán por el conocimiento de las literaturas que pueblan el mundo no terminaba ahí. Es difícil resumir un libro que consta de innumerables reseñas y aún más de diversos autores cuya obra apenas es conocida por el lector medio español. Borges sentía una especial devoción por la literatura inglesa. Asimismo era experto en la novela policial, ese género que tuvo su origen con Wilkie Collins en la piedra lunar y en la dama de blanco, que son a su vez muy buenas novelas psicológicas. El origen del relato policial está en Poe, con sus crímenes de la calle Morgue y el astuto y deductivo Auguste Dupin. Con el tiempo este detective se convertiría en Sherlock Holmes y más adelante en Hercules Poirot. Hay otros autores de novelas policiales no tan famosos pero que aportaron al género, como Dorothy Sayers, Anthony Berkeley, Ellery Queen o Nicholas Blake. He tenido la suerte de leer la novela más famosa de este último, titulada the beast must die. Debo decir que es una obra maestra del género. También en este libro se habla de los grandes clásicos como Carlyle, que fue el precursor del fascismo y el nazismo alemán, del caballero Ralph Waldo Emerson, todo un poeta y un excelente ensayista. Nietzsche dijo que no se sentía más cerca de nada como de los libros de Emerson y que no tenía derecho a alabarlos. La influencia tremenda de Poe y Whitman, sin los cuáles según Borges la literatura actual es inconcebible. Borges también estaba interesado en la historia. Prueba de ello es la reseña que hace de la obra capital de Gibbon, la decadencia y caída del imperio romano, que trata desde los albores del siglo III de nuestra era hasta la caída de Constantinopla en el siglo XV. Borges también nos habla de la literatura criolla, haciendo un homenaje a ese libro incomparable que es el Martín Fierro, pero dice que si los argentinos hubieran elegido como libro canónico el Facundo de Sarmiento, otra sería su historia literaria y mejor. También hace un encomio de Macedonio Fernández, amigo personal de Borges y al que consideraba uno de sus maestros junto con Rafael Cansinos Assens. Hablar de todas las reseñas que contiene este feliz libro está más allá del propósito de esta reseña. Invito al lector a que lo compre y se sumerja en el conocimiento enciclopédico de Borges. Le aseguro que no le defraudará.

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