El efecto Berkeley

Este es otro de los libros de la colección de filósofos que realizó Juan Arnau, junto con el cristal Spinoza y el sueño de Leibniz, libro que ya he reseñado. La historia de la filosofía es rica en ideas, pero para mí el periodo más prolífico de la historia del pensamiento occidental es el intervalo que data desde el siglo XVII hasta bien entrado el siglo XIX. Más de doscientos años de nuevas ideas, algunas provenientes de Oriente, otras repensadas del helenismo. La filosofía de Berkeley es una novedad en el pensamiento de Europa, pero era tema común en las filosofías budista e hinduista. Así, se ha llamado a Berkeley el primer filósofo budista o el Buda europeo. Sin embargo, hay diferencias de pareceres entre las ideas del irlandés y las enseñanzas de Gautama Buda. Para Berkeley, el ser es ser percibido, no existe nada sin una mente que lo perciba, lo imagine o lo piense. Por eso el espectador universal del cosmos entero es la mente de Dios, que nos sostiene en el ser. Cuando nadie percibe una montaña, una casa o un árbol, Dios la percibe con su mente infinita. Para Buda, el mundo de los sentidos es ilusorio, pero no cree en un alma subsistente ni en un Dios personal que sostenga el mundo. El libro es una serie de escenas de la vida del obispo de Cloyne, aderezado con anécdotas verdaderamente interesantes. Así, asistimos a la relación de amistad entre Berkeley y Swift, autor del célebre los viajes de Gulliver, que dejó para la posteridad una obra de crítica de la humanidad. También Berkeley conoció a Pope, el traductor de la Ilíada y autor de ensayos de tinte filosófico y también satírico como el essay on man. El episodio más destacado tal vez sea el de su encuentro con Nicolás Malebranche, famoso cartesiano que elaboró un sistema de causas ocasionales que influyó en la concepción de la causalidad de Hume. Mezclando las teorías de Descartes con el iluminismo de san Agustín, Malebranche admite que vemos todas las cosas en Dios. Así se hace realidad la tesis de san Pablo de que nos movemos, vivimos y existimos en Dios. La entrevista con Voltaire que tuvo lugar en Londres destaca las diferencias de pensamiento entre un autor idealista, el primero de todo Occidente, si exceptuamos el idealismo metafísico de Plotino, con un autor ilustrado que cree en la ciencia y en la posibilidad de que la materia pueda pensar, como sostuvo Locke. La filosofía de Berkeley se ha asociado con el teatro. Así, la vida sería una obra y la muerte sería el final de la obra, la caída del telón. Así lo vio Calderón de la Barca en su obra la vida es sueño (1635). Así lo percibe Lewis Carroll en su magnífica Alicia a través del espejo, donde Alicia es un sueño del rey rojo, que está soñándola, a la vez que Alicia está soñando al rey rojo en un proceso infinito. En el siglo XX, Borges jugaría magistralmente con esta idea en su bello cuento las ruinas circulares.

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