Individuo y cosmos en la filosofía del Renacimiento

Este libro de Ernst Cassirer es un estudio sobre diversos temas filosóficos que se estudiaron durante la época renacentista. El Renacimiento fue un redescubrimiento de los valores del hombre y de su dignidad y su individualidad. Esto lo estudió con total acierto Burckhardt. En efecto, en esta etapa la filosofía se libera de la carga escolástica para dar fruto a un nuevo humanismo. Este periodo filosófico no ha recibido la atención que merece. Pocos son los estudios sobre Ficino, Pico o Valla, aunque sí hay algún que otro estudioso de la filosofía de Giordano Bruno. Leonardo es un caso aparte ya que tocó todas las ramas del conocimiento. Galileo y Kepler simbolizan el principio de la edad científica con sus descubrimientos matemáticos y astronómicos. El iniciador del cambio de ideología fue Nicolás de Cusa, para quien Dios es la coincidencia de los opuestos. No hay gradación entre Dios y el universo creado. Uno es el ser por sí mismo y el otro es el ser por participación. Dios es infinito, al igual que el universo. Éste no tiene un centro definido al ser infinito. Cada punto es el centro del universo. El lugar de Aristóteles queda superado, pues no es el cuerpo continente, sino el espacio infinito donde todos los lugares son homogéneos. Con este nuevo pensamiento, Galileo puede hacer sus experimentos de aceleración de los cuerpos y del estudio de las trayectorias, Kepler define los movimientos de los planetas como elipses regulares. También Nicolás de Cusa fue un precursor al establecer que la Tierra no es el centro del universo y que ésta se mueve. No hay movimientos absolutos ni lugares naturales. No hay arriba ni abajo, sino que todos los lugares tienen idénticas características. Un siglo y medio después Bruno declarará con toda su fuerza la infinitud del universo y la divinidad de la materia, pues también ésta es creación de Dios. Pomponazzi se alzará contra la inmortalidad del alma al defender que no puede subsistir sin el cuerpo, pues es la forma sustancial de éste. La verdad es que Aristóteles no postuló la inmortalidad personal, y sólo creía en la inmortalidad del nous, o entendimiento agente, que viene de fuera, es impasible, eterno e inmortal. Algunos de sus comentadores, en especial Alejandro de Afrodisia, equiparó el entendimiento agente de Aristóteles con Dios. Ya en el siglo XX, Bergson dirá que el entendimiento agente capta las ideas platónicas vertidas fuera de sí, como ya hizo el neoplatonismo. La libertad humana no se contradice con la omnipotencia divina, pues el hecho de que Dios conozca los futuros contingentes no implica que determine la voluntad humana. Esta antítesis será estudiada con meticulosidad por los escolásticos y llegará incluso al pensamiento de Leibniz. Schopenhauer soluciona el problema diciendo que el ser humano no es libre y está determinado en sus acciones por los motivos que se le presentan. El sujeto y el objeto aún no están delimitados en la filosofía del Renacimiento, pero son el germen para crear la futura escuela idealista que dará lugar a tantos sistemas y que responderá a tantos interrogantes.

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