Historia de la filosofía griega. Tomo II

Este segundo tomo de la filosofía griega de Guthrie comienza con el estudio del pensamiento de los eleatas. El más reconocido es Parménides, del que nos ha quedado un fragmento sobre sus ideas acerca del ser. Para Parménides, lo que es es, y lo que no es no es. Esto puede parecer una tautología, pero va mucho más allá. El ser no se puede originar de lo que ya es, puesto que ya existe, ni tampoco de lo que no es, puesto que nada puede provenir de la nada. Así, el ser es eterno, limitado y continuo y esférico. No existe el espacio vacío. Todo lo que percibimos a través de los sentidos es ilusorio. Ni el movimiento ni el tiempo ni los cambios son reales, tan sólo son ficciones de nuestra mente. El ser y el pensar son uno y lo mismo, con lo que se ha querido ver en Parménides un precursor del moderno idealismo. Lo cierto es que el idealismo queda muy lejos de lo que Parménides planteó. Para el idealismo el mundo percibido es tan sólo fruto del aparato de la conciencia, mientras que para Parménides es una falsedad.

Su discípulo Zenón de Elea argumentaría toda una serie de ejemplos para probar mediante la reducción al absurdo que el movimiento y el cambio son imposibles. Uno de ellos es el de la flecha que permanece inmóvil en cada instante de su movimiento. Una suma de inmovilidades no puede provocar nunca el movimiento. Otra, la de Aquiles y la tortuga. Aquiles no podrá nunca alcanzar a la tortuga porque primero habrá de recorrer la mitad del recorrido, luego la mitad de la mitad y así hasta el infinito. La primera paradoja, como bien hizo notar Aristóteles se basa en que el tiempo está compuesto de instantes discretos. La segunda, en suponer que una distancia finita se puede dividir en un número infinito de partes. La solución que propone Aristóteles es a la vez acertada y elegante. La distancia es infinitamente divisible en potencia, pero no en acto.

Empédocles postulaba la existencia de los cuatro elementos que bajo el influjo del Amor se unían, y bajo el influjo de la Discordia se separaban, en un ciclo eterno, Influenciado tal vez por los pitagóricos, creía en la transmigración de las almas. El hombre debe expiar las culpas cometidas en las regiones celestes para volver a su divina morada. Abstenerse del mal es el primer paso para conseguirlo.

Anaxágoras fue el primero que introdujo la idea de inteligencia en la filosofía. Todos los elementos, infinitos en número, las homeomerías hasta que el intelecto llegó y las separó. Aristóteles ve en este hecho el principio de causa eficiente frente a la simple causa material de los milesios.

Leucipo y Demócrito son los atomistas del siglo V a.C que supusieron una pluralidad de entidades para explicar el universo. Estas unidades eran invisibles e indivisibles, los átomos, por lo que se suponían los constituyentes últimos de la realidad. Infinitos en forma y figura, sus distintas uniones provocaban la aparición de los distintos cuerpos.

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