Parerga y Paralipómena

Con este nombre de fragmentos sobre diversos temas se reúnen todos los escritos de Schopenhauer aparte de su obra principal el mundo como voluntad y representación. Reseñar todos los escritos está fuera del alcance de mis capacidades, por lo que sólo trataré el escrito más importante y conocido del autor alemán.

 

El escrito que más relevancia ha tenido para los estudiosos de la filosofía es el titulado fragmentos para una historia de la filosofía, donde Schopenhauer nos narra con inmejorable maestría sus conocimientos sobre esta disciplina. Empieza con la filosofía jonia, poniendo a Tales como el primer filósofo conocido. Luego hace un análisis de Parménides, que identificó el ser con el pensamiento, y que de alguna manera puede ser considerado el precursor de la doctrina que Schopenhauer profesa: me refiero al idealismo. Tiene en gran estima a Platón, para el que las ideas son lo que realmente existen en un mundo suprasensible. El misticismo de Platón es muy distinto al empirismo de Aristóteles. Para Schopenhauer, Aristóteles era una mente superficial que quería tratarlo todo pero que no profundizaba en nada. De los neoplatónicos tiene juicios diversos, pero está claro que a Plotino lo tiene en alta estima, mientras que Proclo o Porfirio son meros charlatanes para él. No obstante también Plotino es muy irregular como demuestra en sus Enéadas. La Edad  Media es una época en la que apenas hay desarrollo intelectual filosófico, salvo en el caso aislado de Escoto Eriúgena, ese irlandés que proclamo que todas las cosas nacen de Dios y vuelven a Dios, precursor del panteísmo de la edad moderna. Ya en pleno siglo XVI, Schopenhauer rescata la figura de Bacon de Verulamio, más conocido como Francis Bacon. Éste declaró que todo conocimiento es empírico, dando prioridad a la inducción como forma principal de conocimiento. Descartes es el padre del idealismo, y su cogito ergo sum declara la distinción entre conocimiento subjetivo o inmediato, y conocimiento objetivo o mediato. Spinoza declara que sólo hay una sustancia única, ahora considerada como extensión, ahora considerada como pensamiento. Schopenhauer sostiene que la sustancia de Spinoza es tan sólo una denominación de la materia, pues contiene todos los atributos que se le pueden dar a ésta: eterna, indestructible e inmortal. Leibniz defiende la pluralidad de sustancias, a las que llama mónadas, y las cuales representan cada una la totalidad del universo a su manera. Los británicos defienden el empirismo frente al racionalismo de los continentales. Locke arguye que no hay ideas innatas y que hay que buscar el origen de los conceptos en la experiencia. Berkeley es el verdadero defensor del idealismo con su postulado esse est percipi. La materia como algo existente por sí mismo es una contradicción. Hume lleva hasta el extremo su escepticismo y apoya la tesis de que la causalidad es sólo una inferencia mental, una conjunción constante como él la denomina. De todos estos autores bebe Kant para crear su sistema del idealismo trascendental, que hace que el mundo que percibimos sea fruto de unos conocimientos a priori del entendimiento. Schopenhauer sigue a su maestro en todo, salvo que él da a la cosa en sí un nombre: la voluntad.

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