Ensayos

La maestría de Oscar Wilde se ve en prácticamente toda su producción, pero tal vez lo más perdurable de su obra sea su maravillosa obra ensayística. En todos ellos Wilde deja huella de su peculiar agudeza. Su cultura era prácticamente infinita. Aprendió francés y alemán de joven y se graduó con máximos honores en lenguas clásicas, por lo que dominaba a la perfección el griego antiguo y el latín. De hecho, es famoso que se convirtió al catolicismo en su lecho de muerte después de leer las sagradas escrituras en griego. Los ensayos versan por lo general sobre el arte y sus orígenes y la crítica como creación literaria y no como copia. Wilde hace una revisión de los principales escritores ingleses y europeos. Así hace un alegato a favor de Keats, el joven poeta que cantó al ruiseñor. O Shelley, con su triunfo de la vida, un canto a la modernidad. Goethe escribió que en la limitación se ve al maestro, y sólo la ley nos da la libertad. Como poeta, Wilde se inspiró en el movimiento prerrafaelita, con William Morris, Swinburne y Rossetti como poetas más representativos. Sus poemas están influenciados sobre todo por la obra de estos dos últimos autores. También en la estética Wilde tuvo un maestro. Se trata de Walter Pater, erudito que tendía al clasicismo en las artes y que sostuvo la teoría de que todas las artes aspiran a la condición de la música, que es pura forma. Ya Schopenhauer dijo que la música existe independientemente del universo y es objetivación directa de la voluntad. El arte y la filosofía interesaban por igual a Wilde. Así, lo vemos describir los bellos retratos de Giorgione y la filosofía de Platón y Aristóteles. Para Platón la belleza y la verdad van unidas, y así como Keats escribió que toda verdad es belleza y toda belleza verdad, Wilde adora la belleza por la belleza en sí misma. Para él, la ética y la estética deben estar separadas inevitablemente. Una cosa es la moral y otra muy distinta la belleza. En el prefacio de el retrato de Dorian Gray escribe que no hay libros morales o inmorales, sino libros bien o mal escritos. En cuanto a sus gustos personales, sentía una gran devoción por Shakespeare y como poeta por Browning. De este llega a decir que “Meredith es un Browning en prosa, al igual que Browning, que se sirvió de la poesía para escribir prosa”. Como Borges indica en su ensayo sobre Wilde, lo más asombroso es que todo lo que éste escribía era cierto o llevaba siempre razón. Wilde dice que todos los hombres matan la cosa que aman o una frase tan lapidaria como que arrepentirse de un acto es modificar el pasado. U otra en la que dice que todo hombre es lo que ha sido y lo que será. Wilde murió con tan sólo 46 años, solo, en una habitación de un hotel de Francia. Conoció a Mallarmé, conoció a Gide, conoció a los grandes escritores de su tiempo. Su muerte corporal ha cumplido 120 años. Su prosa sigue viva y es eterna como los sonetos de Shakespeare o las aventuras de don Quijote.

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