La reconstrucción de la filosofía

John Dewey es considerado junto con Charles Peirce y William James uno de los padres del pragmatismo. Si bien el iniciador del movimiento fue ante todo Peirce, Dewey se caracterizó por extenderlo durante la primera mitad del siglo XX y buscar un nuevo método de pedagogía. En este libro, una serie de conferencias que Dewey dio en Japón, se esboza una nueva visión de la historia de la filosofía bajo el prisma pragmatista y pedagógico. El pragmatismo versa principalmente con el pensamiento de que la verdad es principalmente práctica, y así es verdadero todo lo que es práctico para el hombre y su desarrollo. En este sentido se parece mucho al utilitarismo que defendieron Bentham y Mill en el siglo XIX. Dewey hace una diferenciación entre el racionalismo y el empirismo. Sostiene que Bacon fue el padre de la inducción y el punto de inflexión para el inicio de la nueva ciencia. El método científico no se basa en deducciones hechas a priori, sino en generalizaciones de leyes. Vemos un caso y al ver que se repite en la naturaleza de forma uniforme lo encuadramos como ley de la naturaleza. La experiencia es y ha sido la madre de la ciencia y de la evolución del ser humano. Platón buscaba la verdad en otro mundo, diciendo que éste era aparencial y falso. Aristóteles, por el contrario, se fijó en que la naturaleza tenía un fin y encontró en la experiencia la base de su doctrina. Pero ambos defendían la existencia de una realidad trascendente, inmóvil, pura, objeto de la intelección suprema. En la antigüedad el movimiento y el cambio se consideraban errores de la perfección última. El cosmos era finito, había un centro y los cuerpos se movían por una causa formal y final; la causa eficiente era secundaria. Todo esto cambia con la revolución científica y la nueva cosmovisión del universo. El universo se abre, es infinito y no hay centro. Todos los lugares son idénticos y las leyes se aplican por igual a todo el espacio y el tiempo. Estamos en la época de Galileo y después Newton. Locke sostuvo que no existen ideas innatas y que no podemos alcanzar conocimiento seguro independientemente de la experiencia, pero que podemos guiarnos en la vida con lo que la experiencia nos enseña. Berkeley hizo del universo el sueño de Dios omnisciente y omnipotente, y Hume destruyó la causalidad, dando origen al escepticismo más radical. Kant intentó recuperar la función de la razón en la filosofía con sus categorías a priori y sus leyes del entendimiento. Lo que produjo fue una oleada de idealismo que, salvo Schopenhauer, que fue fiel a Kant, creó una miríada de absolutos. Hegel justificó la existencia del estado prusiano y sus leyes como fin del espíritu. El absoluto y la razón se encarnaban en el mundo para desvelar los misterios del universo. Finalmente Dios se reconocía a sí mismo en su creación y se llegaba al punto Omega, como diría Chardin.

 

Se trata este de un buen libro sobre algunas teorías filosóficas vistas desde el punto de vista de un educador, que intenta cambiar las opiniones y la ideología de las masas con su pensamiento liberal.

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