La literatura y el mal

Georges Bataille es un autor olvidado. Sartre no le tenía muy en cuenta por su llamado misticismo, pero lo cierto es que su obra influyó en algunos autores postestructuralistas como Foucault o Derrida. Acusó a Breton, el fundador del movimiento surrealista, de idealista y Breton le contestó que era un burdo materialista. De toda su producción, tal vez la historia del ojo sea la más novedosa. En otros títulos como el erotismo trata la naturaleza de las pasiones en relación con el mal. En la literatura y el mal analiza la obra de ocho literatos que según su punto de vista están relacionados con el concepto del mal.

 

Emily Brönte y su obra maestra cumbres borrascosas es la primera novela que analiza Bataille. Según él, en Heathcliff hay una tendencia al mal que se manifiesta en sus actos, en su amor más allá del mundo por Catherine. Brönte habría captado este sentimiento mejor que cualquier literato inglés anterior.

 

Acto seguido, Bataille pasa a comentar la obra de Baudelaire. Este autor habría rechazado el bien y aceptado el mal cuando en uno de sus poemas de las flores del mal le ruega a Satán que tenga piedad de su larga miseria. El límite entre el bien y el mal en Baudelaire es tenue y frágil.

 

Después viene Michelet, que en su obra las brujas explica cómo las brujas eran el chivo expiatorio del mal durante la Edad Media. El mal es un concepto particular que se individualiza en hombres de carne y hueso

 

 

William Blake es el cuarto literato analizado en el libro. Este profeta, que vio el rostro de Dios en la ventana de su cuarto cuando era niño, escribió su obra de juventud el matrimonio del cielo y el infierno en el que describía que el bien y el mal son conceptos contrapuestos y necesarios. La imagen del tigre ha quedado asociada a la figura de Blake. En su análisis, Bataille encuentra afinidades entre los proverbios de Blake y la psicología de Jung. En concreto los cuatro rasgos que componen el espíritu humano: pensamiento, sensación, sentimiento e intuición.

 

 

Sade es sin duda el autor que más páginas ha dedicado a analizar el mal. En su obra Justine hace un alegato de la corrupción moral, emocional e intelectual del hombre, sometido a toda clase de bajezas criminales y sexuales. Blanchot ha dicho que Sade estaba encerrado en la soledad del universo con su pensamiento.

 

Proust analiza el mal desde la óptica de la justicia. La transgresión moral es el origen del pecado para él y el mal reside en la falta de conciencia de haber pecado. Por lo tanto el mal debe ser erradicado de la sociedad en tanto que sea posible.

 

Kafka ha conseguido llegar al origen del mal en sus libros, describiendo personajes que están solos en el universo, aislados de todo contacto con la realidad. La interpretación de sus escritos tiende a ser metafísica o teológica, buscando en el Dios de los judíos la respuesta a sus interrogantes.

Genet es una de las manifestaciones de la poesía del mal. El que actúa con maldad pero no es consciente de que está obrando mal no puede ser condenado. El mal es un concepto que reside más bien en la conciencia que en las acciones, tesis muy calvinista y condenatoria.

 

 

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