Cándido

Voltaire escribió esta obra, tal vez su mejor libro, en 1759. Flaubert afirma en su correspondencia que sus lecturas favoritas son La Brùyere, Montaigne y Voltaire. De este último destaca entre todos sus libros Cándido, que dice haber leído más de veinte veces y también lo tradujo al inglés. Edmond de Goncourt, contemporáneo de Flaubert, detestaba la prosa de Voltaire. El mismo Voltaire se consideraba a sí mismo continuador de los clásicos franceses, Corneille y Racine, pero pasó a la posteridad por su pensamiento ilustrado y su defensa del progreso y la ciencia en un siglo que vería el avance del saber humano.

 

Cándido es una novela filosófica. Su protagonista vive una serie de desventuras al lado de su tutor el doctor Pangloss, que siempre finaliza su discurso con las palabras “tout est au mieux” (todo sucede para bien) El libro es una sátira de las doctrinas filosóficas de Leibniz. El pensador alemán afirmaba que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que Dios siempre obra de la mejor manera según el principio de perfección. Antes de crear el universo, Dios concibió una infinidad de mundos posibles, que tienden por igual a la existencia. Todo esto sucede en el entendimiento divino, lugar de las esencias eternas. Toda esencia tiende a la existencia, dice Leibniz, o en otras palabras, todo posible exige existir. Pero las esencias se igualan a las posibilidades. En esa pugna de posibles por la existencia, Dios realizó la serie de posibles que es a su vez composible, es decir, compatibles y sin contradicción. ¿Cómo llevó a cabo Dios el paso del mundo de la posibilidad al mundo de la existencia? A través del principio de razón suficiente, según el cual, todo lo que acontece tiene una razón suficiente de por qué es así y no de otra manera. Leibniz expone todo este sistema en su obra de carácter teológico la teodicea, ensayo sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal. Lo que Leibniz trata de mostrar es la compatibilidad entre la bondad de Dios y la existencia del mal en el mundo. Es de esto de lo que se ríe Voltaire. Ya Lactancio, citando a Epicuro, había lanzado el siguiente dilema: si Dios es bueno y todopoderoso, ¿cómo es que existe el mal? Si lo puede evitar pero no lo quiere, no es un Dios sino un demonio. Si lo quiere pero no lo puede, es impotente. Si ni lo quiere ni lo puede, no es digno de llamarse Dios. Entonces, si lo quiere y lo puede, ¿por qué existe el mal en el mundo? Leibniz dirá que el mal es connatural a las criaturas, al ser finitas y liimitadas. Voltaire había vivido el gran terremoto de Lisboa, que acabó con la vida de 50.000 almas. Él no podía creer que un Dios todopoderoso permitiese semejante sufrimiento en la Tierra. Voltaire era partidario de la doctrina de Locke, de que sólo los sentidos son los que nos proporcionan ideas y experiencia.

 

Pero Voltaire no era un ateo, sino un deísta. Creía en un Dios arquitecto del universo, que había diseñado la cúpula del cielo y la armonía y belleza de las leyes naturales y matemáticas

 

Al final de la novela Cándido no tiene más remedio que aceptar las doctrinas del doctor Pangloss y confirmar que, aun con todo el dolor, el sufrimiento y las enfermedades que nos acechan, vivimos en el mejor de los mundos posibles.

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