Las puertas de la percepción

En este breve ensayo, Aldous Huxley nos sumerge en el mundo de las drogas psicotrópicas. Según el aforismo de William Blake, “si las puertas de la percepción se purificasen, todo le aparecería al hombre tal cual es, infinito.” Huxley es defensor de esta aserción y durante todo el ensayo nos cuenta sus experimentos con la mescalina, droga alucinógena que le permite percibir una serie de impresiones que están comúnmente vetadas para el pensamiento humano. La mescalina hace que se abran las puertas de la percepción, que están cerradas porque de lo contrario podríamos perecer. Así, los místicos de todas las épocas, como el maestro Eckhart, santa Teresa de Jesús o el mismo William Law han conseguido alcanzar la plenitud del ser. Huxley nos explica que la mortificación corporal de estos santos les conducía a los estados alterados de conciencia en los que creían percibir la misma esencia divina en su totalidad. No hay ni pasado ni futuro, sólo un eterno presente en el que el alma se deleita con su contemplación. Se llega a un punto de contacto entre lo inmanente y lo trascendente, Dios y el mundo y la unidad de ambos. La filosofía y la teología han intentado siempre alcanzar este fundamento de la realidad, y lo han denominado de distintas formas – alma, espíritu, Dios, Absoluto, etc. Así en Platón tenemos las ideas eternas de las cosas que son el arquetipo de los seres que devienen; en Plotino tenemos el Uno trascendente que no puede ser definido y que es la piedra angular del resto de las emanaciones; en el budismo tenemos el samsara, nuestra realidad aparente, y el Nirvana, donde todos los estados de la mente cesan y se llega a lo más parecido al no ser. Con su experiencia con la mescalina, Huxley nos confirma que seguía percibiendo el espacio y el tiempo, pero de modos distintos a lo cotidiano. Las formas que aparecen bajo el efecto de esta droga consiguen hacer que el sujeto experimente un sentimiento de pleno goce y beatitud, algo similar a lo que un monje budista experimenta al entrar en el estado trascendental. Asimismo, el yoga también sirve como instrumento para desarrollar este tipo de experiencias extrasensoriales, pues el cese de la respiración hace que el CO2 se concentre y aumente, lo que lleva al cerebro a una mayor ingesta de azúcar, y el déficit de glucosa en el cerebro provoca los estados alterados de conciencia. También describe experiencias aterradoras, pues algunos han visto el infierno en sus visiones. Esto es lo que puede sentir un esquizofrénico durante sus etapas de psicosis. El cielo y el infierno son estados mentales. Como Swedenborg dejó establecido, no son penas impuestas por alguien superior, sino elecciones hechas por las propias almas. También Milton predicó un infierno inmanente en su obra principal, el paraíso perdido.

 

Cabe reseñar la amplitud de temas que Huxley tocó durante su vida. Se sintió fascinado por la búsqueda del Absoluto, e intentó armonizar las tradiciones oriental y occidental en su obra. Todos le conocemos por ser el autor de la maravillosa un mundo feliz, pero también practicó el ensayo y la poesía.

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