El libro de los veinticuatro filósofos

Nos encontramos ante una obra anónima de carácter medieval que versa sobre el conocimiento de Dios. En ella se dan veinticuatro definiciones sobre Dios y la creación, pero de todas estas definiciones hay una que ha alcanzado la inmortalidad y ha entrado en la memoria colectiva de la humanidad. Se trata de la definición número dos, en la que se dice que “Dios es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”. Esta afirmación llevaría a los autores medievales a toda una serie de escritos y tratados en los que podrían llegar a una definición de la esencia divina. Influido por el neoplatonismo, el autor del texto se cree que debía conocer el Liber de causis, obra también anónima. La pasión por este texto llegó hasta el siglo XVI, cayendo después en desuso. Giordano Bruno sería su último defensor, citándola en su obra la causa, principio y uno. Sin embargo, en el siglo XX esta fórmula fue analizada por Borges en su maravilloso ensayo, la esfera de Pascal, de su libro otras inquisiciones. Pascal emplea esta frase en su obra pensamientos para definir la angustia vital de la criatura ante Dios. Si nos atenemos explícitamente a la definición, lo que ésta significa es que Dios no puede ser contenido por nada, y que se encuentra presente en todas partes. La tradición nos lleva hasta Hermes Trismegisto, pero debemos tomarlo como apócrifo. Ya se dice que en los escritos de Platón está intuida esa maravillosa definición, pero es Alain de Lille quien hará la primera formulación. Rabelais la emplea en su obra Pantagruel, y Pascal definitivamente en sus pensamientos. Pero el análisis medieval que hay entre Lille y Pascal es pasmoso. Todos los filósofos de la época comentaron el texto y en especial la sentencia. Así tenemos a Pedro Lombardo, autor de las famosas Sentencias, a Tomás de York y a Tomás de Aquino. Algunos autores han observado la procedencia neoplatónica del texto debido al proceso emanativo que se percibe en las distintas definiciones, pero otros lo han querido ver como una continuación del pensamiento de Aristóteles. Quizás de todos los comentadores, debemos destacar a Nicolas de Oresme y Tomas Bradwardine, ya que ambos postularon la infinitud espacial del universo en el vacío, donde se encuentra Dios. Asimismo, el cardenal Nicolás de Cusa debe tenerse en cuenta, pues con su pensamiento de la coincidencia de los contrarios, lleva a un nuevo nivel de comprensión la definición de la divinidad. Dios es el máximo y el mínimo, el alfa y el omega, el principio y el final de todo cuanto existe. Así pues se trata de un texto curioso para el ávido lector de conocimientos metafísicos y de historia de la filosofía, muy corto y muy denso. Es un texto que se lee rápido y fácil, aunque hay que estar atento ante tanto nombre y dato histórico. Sin lugar a duda, un libro absolutamente recomendable para todos los amantes del pensamiento como yo y tantos otros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s