Escritos contra la religión

Mark Twain es el padre del realismo norteamericano, pero muy pocos conocen su faceta anticlerical. Estas reflexiones contra la religión forman parte de un escrito mayor denominado cartas desde la tierra, un libro en el que el diablo describe la realidad del planeta. Sus pensamientos e ideas son tan controvertidos que no se llegaron a publicar hasta 1962, cincuenta y dos años después de la muerte de Twain. En las breves páginas asistimos al resumen de un ateísmo peculiar. Como Hume, como Jean Meslier, como Bayle, Twain descarga el problema del mal sobre Dios. Los seres humanos no somos responsables de la maldad de nuestros actos, pues no pedimos ser creados y debemos ser considerados como máquinas. Así pues Twain escribe: “quienquiera que aquí abajo hace una máquina, se responsabiliza de su funcionamiento. A nadie se le ocurrirá poner la responsabilidad en la máquina misma. Todos sabemos perfectamente – aunque lo escondemos como lo escondo yo hasta que esté muerto y fuera del alcance de la opinión pública –, todos sabemos, digo, que Dios y sólo Dios es responsable de cada acción y palabra de un ser humano, de la cuna a la tumba.”  Dios es el autor del pecado, sostiene Bayle, pues Él sabía perfectamente que Adán pecaría. En el fondo el problema del mal conlleva al problema de la libertad humana. Twain niega el libre albedrío. Como Spinoza, mantiene que somos el fruto de las leyes de la naturaleza, y estas mismas leyes pueden ser la divinidad. Cuando Dios creó a Adán y le prohibió comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán no pudo entender el mensaje que Dios le entregó. Según Twain, el concepto de muerte era inconcebible para un ser que acababa de ser creado y cuyo entendimiento no excedía el de un niño pequeño. En el siglo XVI tuvo lugar la disputa de auxiliis, entre Domingo Bañez y Luis de Molina. Molina había introducido la ciencia media en Dios para salvar la libertad humana. Según esta tesis, Dios conocería todo evento condicional si se pusieran las condiciones para que se diese. Junto con la ciencia de visión, conocedora de las existencias, y la ciencia de simple inteligencia, conocedora de las esencias, Dios controlaría todo lo que acontece en el universo, pero dejando libre albedrío al ser humano. Los existencialistas, para quienes Dios no existe, afirman la libertad humana y niegan toda predestinación divina de cualquier tipo. Twain dice que no podemos encontrar ni un rasgo de moral en el Dios de los judíos, que castiga de forma desproporcionado los pequeños pecados de los hombres. Algunos se han llegado a preguntar si el Padre al que se refiere Jesucristo en sus enseñanzas del reino de los cielos es otro Dios distinto de Jehová, asesino despiadado y sanguinario. Preguntar por qué existe el mundo es lo mismo que preguntar por qué existimos y lo que es más importante, por qué existe Dios. Borges, en los versos terminales de su espléndido poema Ajedrez, escribe:

 

Dios, mueve al jugador, y éste la pieza

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza, de polvo y tiempo y sueño y agonía?

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