La montaña mágica

Hay algunas novelas que han trascendido su época. El Ulises de Joyce y en busca del tiempo perdido de Proust se disputan el primer puesto como obra literaria más importante del siglo XX. Muchos consideran el Ulises una obra maestra; yo la califico de obra fragmentaria que tiene momentos de tedio y otros de absoluta magia. La montaña mágica de Thomas Mann se encuentra entre las novelas más importantes del siglo XX y está considerada la obra maestra de su autor. Se trata de una especie de Bildungsroman, aunque los críticos la han tildado de novela filosófica, por la variedad de los temas tratados en la obra. El argumento de la obra podría definirse diciendo que no tiene argumento, ya que se trata de las vivencias de los enfermos del sanatorio Berghof. El protagonista, Hans Castorp llega al sanatorio sano para visitar a su primo Joachim, enfermo de tuberculosis. Durante su estancia, Hans Castorp enferma y tiene que quedarse internado durante siete años. En ese tiempo prácticamente acontece todo. Se enamora de una mujer llamada Claudia, pero su amor no parece cristalizar en nada; conoce a sus dos mentores intelectuales, Settembrini y Naphta. Uno de los temas más desarrollados por el autor es el concepto de tiempo, por lo que la novela se ha llamado a veces novela del tiempo. Sin duda Settembrini primero y luego Naphta son los educadores de Castorp durante toda su estancia. Settembrini es un educador italiano, admirador de Carducci, de quien recita su himno  Satán. Defensor de Virgilio y de la mitología griega, es un férreo abanderado del progreso, el humanismo y la vida. En un primer momento, Castorp se aferra a sus teorías políticas y filosóficas.

 

La novela se va desarrollando por capítulos, y en cada uno de ellos tiene lugar la explicación de un tema de interés para el personaje, como la muerte, que finalmente hace su aparición cuando Joachim muere debido a las complicaciones de la tuberculosis.

 

Naphta es el otro gran intelectual de la novela. Ex jesuita, Naphta se declara dualista, mientras Settembrini es monista.  Settembrini es partidario de la acción, mientras que Naphta defiende la vida contemplativa, citando a Bernardo de Claraval y a Miguel de Molinos para rebatir la aseveración de Settembrini de que el quietismo es de naturaleza oriental. Luego la conversación se desliza hacia tintes políticos, en la que Naphta declara su idea de un reino de Dios en la tierra, mientras que Settembrini defiende la república universal. Naphta sostiene la teoría geocéntrica de Ptolomeo frente al heliocentrismo de Copérnico, lo que deja a Castorp muy sorprendido. Naphta dice que “el hombre es la medida de todas las cosas y su felicidad el criterio de la verdad”. Es interesante el ataque que hace Naphta al desarrollo de la ciencia desde una óptica filosófica, en particular desde la visión idealista de Schopenhauer acerca del tiempo, el espacio y la causalidad. En las páginas terminales, Naphta y Settembrini se enfrentan en un duelo de pistolas debido a una disputa dialéctica. Settembrini dispara al aire y en ese momento Naphta se suicida pegándose un tiro en la sien.

 

¿Qué más decir de esta fantástica novela? Es difícil que un libro sin apenas argumento te enganche desde la primera página. Este libro es uno de ellos.

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