La casa y el cerebro

Hay escritores que han sido injustamente olvidados. En el caso de la poesía tenemos ejemplos notables: Swinburne, Rossetti, tal vez Wilde. En el caso de la novela el número no es menor. Todo el mundo sabe de la influencia que Oliver Goldsmith ejerció sobre Goethe, pero muy pocos han leído su obra el vicario de Wakefield. Nuestro autor, Edward Bulwer Lytton, fue contemporáneo de Dickens y Thackeray. Escribió novelas, ensayos, teatro y cuentos. Es famosa la anécdota de que fue él quien le recomendó a Dickens que cambiara el triste final de grandes esperanzas. Su obra más notable y recordada es los últimos días de Pompeya (1834), que trata de forma romántica los acontecimientos históricos que precedieron a la destrucción de la ciudad debido a la erupción del Vesubio. Edward Bulwer Lytton destacó en el género fantástico o de ciencia ficción con obras como Zanoni (1842) que trata el siempre polémico tema del amor y la inmortalidad. En el relato que nos ocupa, la casa y el cerebro (1859), Bulwer Lytton demuestra con maestría su dominio de la narración de terror y la consiguiente explicación científica a los hechos acaecidos. Lovecraft se refirió a la casa y el cerebro como uno de los mejores relatos de casas encantadas jamás escritos. Y Lafcadio Hearn afirmó que estamos ante la mejor historia de fantasmas creada en lengua inglesa, ya que reproduce con asombrosa fidelidad las vivencias de una auténtica pesadilla.

El argumento es sencillo. Un hombre se dispone a pasar con su criado y su perro una noche en una casa que todos dicen que está encantada. Empiezan a ocurrir una serie de extraños fenómenos de apariencia sobrenatural. El criado huye de la casa tras haber visto algo horroroso. El perro aparece con el cuello partido. Pero el protagonista intuye que todo ha de tener una explicación racional y lógica. Mediante asombrosas deducciones, infiere que todo lo que ha sucedido debe tener como soporte un cuerpo material vivo y que todo ha podido ocurrir a través del mesmerismo. Una voluntad soberana ha podido controlar lo que acontecía en la casa desde un lugar lejano por medio de sus propios poderes. Finalmente el protagonista descubre que todo ha sido planificado y ejecutado por un hombre llamado Richards, conocedor de las teorías orientales de magia y practicante del mesmerismo. El cuento termina con un trance hipnótico del protagonista del que despierta ya demasiado tarde, pues Richards ha logrado escapar.

Cuento de muy fácil lectura y de asombrosa novedad, Bulwer Lytton nos tiene pegados al libro hasta sus últimas hojas con un encanto cautivador. Las historias de fantasmas han sido un tópico común de la literatura. Básteme citar por ejemplo los relatos de fantasmas de Henry James, o su más famosa novela, otra vuelta de tuerca, en la que los criados parecen ser fantasmas enviados por demonios. El auge de lo sobrenatural estaba de moda durante el siglo XIX. Se había abierto el sello de Oriente y las noticias llegaban con total frescura. El mesmerismo, el hipnotismo y las ciencias ocultas eran estudiadas por los grandes escritores. En definitiva, una obra totalmente recomendable para los amantes del género de terror, que quedarán embelesados por la actualidad y la novedad de sus páginas.

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