A 40 años de su muerte
Jorge Luis Borges, pilar de una literatura que aspira a la eternidad
El autor de “Ficciones” escribió una obra en la que puso en juego una forma de entender la lectura y la escritura. Analizan su legado Luis Gusmán, Martín Kohan, María Rosa Lojo, Carlos Gamerro, Guillermo Martínez, Eduardo Álvarez Tuñón, Hernán Ronsino y Natalia Zito.
14 de junio de 2026 – 5:01

La ejemplar transgresión de Jorge Luis Borges, a cuarenta años de su muerte, no reside en sus cambiantes ideas políticas, sino en sus posiciones literarias. El escritor que murió a los 86 años en Ginebra (Suiza), el 14 de junio de 1986, escribió una literatura en la que puso en juego una forma de entender la lectura y la escritura. Más que una sombra que le pisa los talones a quienes comienzan a esbozar un destino literario, habilitó un territorio de posibilidades para autoras y autores de la Argentina y del mundo y le dio al castellano “un nuevo tono, una forma de adjetivar maravillosa y única”, como señala el narrador, poeta y académico Eduardo Álvarez Tuñón. El legado de este vanguardista que rearmó el sistema literario, como lo interpretó Beatriz Sarlo, y lo político en sus páginas pero también en sus acciones es revisitado por Luis Gusmán, Carlos Gamerro, María Rosa Lojo, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Natalia Zito y Hernán Ronsino.
Como una forma platónica
Guillermo Martínez hace hincapié en que Borges escribió “una obra deliberadamente atemporal, al enlazar sus relatos y sus poemas con tradiciones milenarias o clásicas muy sólidas, como Las mil y una noches, las leyendas chinas, las sagas vikingas, los griegos, la literatura clásica inglesa, y dentro de la historia argentina, con su parte también más mítica y emblemática: las guerras de Independencia, los gauchos, los orilleros y malevos, los malones de la pampa”. El escritor supone que la obra del autor de Inquisiciones y El Aleph “nunca pareció actual, ni tampoco anticuada, sino que aspiró desde el inicio a parecer eterna, como una forma platónica”. Martínez pondera que es un escritor “que contiene literaturas” y que “ha logrado decantar formas arquetípicas y temas que recorren la historia de la literatura para reencarnarlas en su ‘destino sudamericano’”.
Martín Kohan recupera una idea de El factor Borges, de Alan Pauls. “Borges no escribió solamente una obra, escribió una literatura. Algo que va en la misma dirección de lo que dijo César Aira, que cada vez que se habla de la literatura en general aparece Borges. Lo que Borges puso en juego es toda una concepción de la literatura, toda una manera de pensarla, una forma específica de entender la lectura y la escritura. No es extraño entonces que, incluso al considerar otros autores y otros textos, por lejanos o distintos que sean, pueda estar Borges dando vueltas”.
Para Natalia Zito, el autor de Historia universal de la infamia “demostró que para hacer una obra magnífica no hace falta tenerlo ni saberlo todo, sino saber dónde buscar, qué hacer con lo encontrado y cómo convertirlo en alimento para lo propio”. La escritora advierte que es “una manera de pensar la literatura como algo vivo” y que ese es el legado de Borges que le interesa y que trata de transmitir “como una forma de combatir esa figura de prócer, de canon inalcanzable, en la que se lo pone a menudo”.
“Un espía de Dios”
“El legado de Borges pasa por la libertad que le ha dado a la literatura, no solo a la Argentina”, aclara Hernán Ronsino y agrega que “a nuestra literatura sin duda le abrió las fronteras como planeta en “El escritor argentino y la tradición”, uno de sus ensayos más emblemáticos. “Hay un supuesto enfrentamiento entre Borges y (Witold) Gombrowicz en aquellos años en los que el polaco vivía en Buenos Aires. Y más allá de esas disputas, creo que en el fondo los dos coincidían en que había que dejar de pensar permanentemente en el ‘nosotros’ como argentinos y abrir el imaginario hacia otras posibilidades formales. Para mi generación, Borges es, más que una sombra como lo fue para otras generaciones, un territorio lleno de posibilidades”, destaca Ronsino.
El escritor y académico de la lengua Eduardo Álvarez Tuñón propone ir “más allá” y preguntar por el legado borgeano en la literatura universal, prescindiendo de fronteras. “En 1929 escribió unas páginas sobre Whitman, en las cuales afirmó que la grandeza del autor de Hojas de Hierba era tal y su intensidad tan avasalladora que asumía la forma de lo invisible, de lo abstracto y que se proyectaba aun sobre quienes no lo habían leído. Ese juicio le resulta aplicable. Borges dio a la literatura argentina una visión de universalidad. Unió lo nuestro con el mundo, nos enseñó una forma hedónica de leer y dio al castellano un nuevo tono, una forma de adjetivar maravillosa y única. Es imposible leerlo en voz baja”, plantea Álvarez Tuñón y lo caracteriza como “un espía de Dios”, expresión de William Shakespeare a la que recurría para definir y alabar a los poetas que admiraba.
“Dio vuelta la literatura argentina como una media”
María Rosa Lojo subraya que Borges reformuló la literatura argentina, “la dio vuelta como una media” y explica lo que significó. “Por un lado, irrumpe como un fenómeno único, no se parece a nadie que lo haya antecedido; por otro, dejó en sus contemporáneos y sucesores el terror de no poder salir de la inmensa sombra que proyectó a su alrededor. Si bien ese germen estaba en la tradición rioplatense, impuso el cuento como un género central, síntesis y decantado de lo literario por excelencia. Supo transmutar ideas filosóficas en intrigas y personajes fascinantes, siempre con una prosa estricta y mágica. El impacto y el poderío de esa perfección fueron tales que durante mucho tiempo pareció que no iba a ser posible ‘escribir bien’ de otra manera. Pero quizá, sobre toda otra consideración, hizo del mapa complejo de sus lecturas una cartografía de la literatura misma, convirtió la crítica en un modo extremo de la ficción y viceversa, nos recordó, como nadie, que un escritor (de cualquier género sexual o literario) es o debiera ser, ante todo, un lector. Que escribir es otra manera, (¿la mejor manera?) de estar leyendo. Parafraseando a San Agustín: lee, y haz lo que quieras (también, claro, la lectura es una forma del amor)”.
Carlos Gamerro cita a Ricardo Piglia, en rigor a su alter ego literario, Emilio Renzi, “que siempre es más extremo”, para postular que Borges es el escritor argentino que cierra la literatura del siglo XIX. Y añade que Piglia-Renzi está pensando en cuentos como “El fin” o “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, que “le ponen un final al Martín Fierro, y también es un intento de anudar esta especie de doble hilo que recorre el siglo XIX, que es civilización y barbarie”. Con un poco de humor, Gamerro presenta a Borges como un escritor decimonónico de la literatura mundial. “Borges abre el siglo XX; es tan moderno como Roberto Arlt, que es el moderno que propone Emilio Renzi. Y también abre la literatura del siglo veintiuno; formas de la ciencia ficción que fueron las dominantes como la de Philip K. Dick o el cyberpunk, los mundos posibles, los universos paralelos, Internet; está todo ya elaborado en ‘El jardín de senderos que se bifurcan’, en ‘La biblioteca de Babel’, en ‘Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius’; es decir, la física moderna y el mundo de réplicas en que vivimos está conceptualizado por Borges. Sarlo lo escribió y yo lo repito en (mi libro) Facundo o Martín Fierro: Borges es más fuerte que la literatura argentina”.
“Si uno saca a cualquier escritor argentino hipotéticamente del edificio de la literatura mundial, pongamos escritores de relevancia mundial como (Julio) Cortázar o (Manuel) Puig, el edificio se tambalea un poco, pero se sostiene. Si sacás a Borges, se viene abajo”, compara Gamerro, quien considera que Borges es “un pilar” de la literatura mundial. “Ser un escritor hoy y no haber leído a Borges es casi un contrasentido, y estoy hablando del mundo, no de la Argentina”, insiste y sostiene que es el único escritor que modifica la manera en que los países centrales leen su propia literatura. “Borges le habla a los ingleses de Inglaterra y la literatura inglesa, a los italianos de Dante y a los españoles de Cervantes. Un italiano que ignore a Borges y quiera leer a Dante sin Borges está cojeando. Ese peso, esa relevancia, no la encontramos, no diría en ningún otro escritor argentino, sino ni siquiera sudamericano”.
Gamerro recuerda una frase del crítico uruguayo Amir Hamed: “Borges enseña a pensar en español” para reflexionar sobre un tema medular. “El lenguaje de Borges se caracteriza no tanto por su riqueza, más bien tiende a ir limitando su vocabulario con el correr de los años, sino por su precisión. No hay una palabra de más y siempre es la palabra justa, aunque sea una palabra insólita, nunca usada antes en la lengua. Cuando uno encuentra esa palabra insólita en Borges, en lugar de creer que es algo artificioso, rebuscado, piensa que la lengua ahora está funcionando mejor. Creo que no hay otro pensador como Borges en la historia de la lengua española”.
La fatalidad de la lengua
El escritor y psicoanalista Luis Gusmán observa que Borges tenía una relación con la lengua “que lo hacía pensar en y con la lengua”. “En ‘Indagación de la palabra’, un texto de 1926, pone el ejemplo de que cuando el gaucho ve venir a la paisana el piropo lo empuja a decir: ‘tan linda o que linda’. Pero un empuje, casi un destino, lo lleva a proseguir con la frase: ‘Tan linda como el sol’. Se trata, dice Borges, de la fatalidad de la lengua que se impone al pensar. Esa fatalidad no pertenece al ingenio, ni a la humorada, ni a la réplica, sino a que la lengua lo hablaba a él mismo. Borges es la lengua hablando en él”. Una anécdota puede aportar una dosis de ese humor que se podría calificar de borgeano. “Recuerdo una vez que lo acompañé a una charla que iba a dar, me comentaba que era tímido y que necesitaba entonarse antes de comenzar a hablar públicamente -cuenta Gusmán-. Cuando entramos al lugar, me pidió si podía tomar una copita de algo que lo entonara. Uno de los que los esperaban, le preguntó: ‘¿Borges, prefiere vino tinto o blanco?’, a lo que él respondió: ‘Me da lo mismo si soy ciego’”. Gusmán pone de relieve que “lo que se cifra en el nombre Borges es algo que nos descifra como lectores”.
Ideas políticas cambiantes
Borges fue anarquista, radical y visceralmente antiperonista. Apoyó al dictador chileno Augusto Pinochet, pero también firmó una solicitada de las Madres de Plaza de Mayo y asistió a una audiencia del Juicio a las Juntas. ¿Cómo leer lo político en Borges? “En su ensayo sobre Leopoldo Lugones, Borges dijo: ‘Lo terrible es que Lugones sigue siendo juzgado (absuelto por unos y condenado por otros) por lo más superficial que hubo en él: sus cambiantes ideas políticas’. Parecería estar hablando de él mismo”, sugiere Álvarez Tuñón. “También sostuvo que la política era una de las formas del tedio. Al mencionar a Dostoievski, en una conferencia, dijo: ¿Cómo puede haberse obsesionado por la política y no advertido que es una mera rama de la administración? Casi siempre sus posiciones suscitaban rechazo, con razón. Deberíamos prescindir de ellas, no entrar en polémicas vanas y leerlo. Solo leerlo. En su obra esta lo esencial”.
Lojo resalta el hecho de que Borges afirmó que “las opiniones (entiéndase juicios incompletos o apresurados o erróneos) son lo más superficial que hay en alguien; pueden cambiar coyunturalmente. Pero las ficciones, que son revelaciones contemplativas, quedan”. En esa línea, la escritora indaga cómo emerge lo político en la textualidad borgeana. “Si buscamos en su obra representaciones de lo político, nos topamos con la aguda conciencia de una vida social desgarrada entre antinomias y polaridades, cuyos términos, al cabo, se parecen demasiado entre sí. En el héroe puede camuflarse un traidor, la barbarie puede ser el reverso de la civilización, o la manera en que toda civilización desemboca, como en ‘El inmortal’ o ‘Utopía de un hombre que está cansado’. ¿Es posible salir de la incesante conflictividad, construir una forma aceptable de orden social? El autor implícito de los relatos borgeanos lo duda, o desespera de ello. Aunque a veces, más allá de las bibliotecas y de las ambiciones utópicas, una experiencia cercana a lo místico (como en ‘El congreso del mundo’) nos ponga momentáneamente en contacto con un Todo que trasciende a lo humano”, analiza la escritora y crítica.
Ronsino responde mencionando las posturas políticas de otros escritores. “Sarmiento, Lugones o Borges han tenido posiciones políticas conservadoras o reaccionarias. Pero una vez que el polvo de las coyunturas se dispersa, queda la obra, la potencia de esos discursos y de esos procedimientos. Más allá de las posiciones políticas de cada autor, me interesa pensar en el efecto político que desprende el texto, el procedimiento que se despliega en el texto. Y como dice Piglia, en ese sentido, Borges fue un revolucionario porque inventó una forma literaria nueva que anticipaba incluso el procedimiento de internet ¿o acaso internet no es otra cosa que un Aleph?”.
Un gorila medular
“Borges fue un anarquista de salón, un anarquista individualista, como tantos gentleman anarquistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, incluyendo a su padre”, expresa Gamerro y remarca que “los libertarios (de Javier Milei) hicieron un par de tímidos intentos de reclutarlo para sus filas, y aunque es verdad que Borges muchas veces proclamó su idea de un mínimo estado es absurdo pensar que podía estar de acuerdo con los modos, la retórica y la agresión sistemática hacia los derechos humanos básicos y ni hablar de la hostilidad hacia la cultura que manifiestan los funcionarios del actual gobierno”. El escritor confirma que Borges fue un radical yrigoyenista “muy activo” y “muy democrático”, pero con una aclaración más que pertinente. “La idea de que Borges era contrario a la democracia no es totalmente errónea, pero hay que matizarla. Lamentablemente, quedó esa frase en sus Obras Completas que descreía de la democracia porque es un abuso de la estadística, encima escrito y publicado en el 76. Un traspié importante que sí corrigió en sus declaraciones. Borges es democrático hasta que la democracia trae al peronismo al poder. Borges es un gorila medular, lo fue siempre y nunca abjuró de eso. Mientras democracia significaba peronismo, también fue antidemocrático, pero no por convicción, sino porque la democracia traía de nuevo al peronismo. Cuando gana las elecciones (Raúl) Alfonsín, Borges se proclama democrático de nuevo porque se rompió esa especie de ecuación de hierro que la democracia siempre traería un gobierno peronista”.
La mayor metamorfosis política se produjo entre los años 70 y 80, cuando pasó del apoyo explícito a la dictadura cívico-militar a recibir a las Madres de Plaza de Mayo y firmar una solicitada por los desaparecidos, que se publicó el 13 de agosto de 1980 en el diario Clarín. En mayo de 1976 el dictador Jorge Rafael Videla almorzó con Borges y Ernesto Sabato. La foto que registró ese momento fue utilizada para difundir la inequívoca señal de apoyo de parte de la intelectualidad argentina a los militares golpistas. En septiembre del mismo año viajó a Chile para recibir un doctorado honoris a manos del dictador Augusto Pinochet. “En cuanto a la dictadura, la elogió por elpasado militar en su familia y porque había derrocado un gobierno peronista”, precisa Gamerro ydetalla que apenas recibió y escuchó a las Madres de Plaza de Mayo les creyó y se dio cuenta de que “esos militares no teníannada que ver con los militares que glorificaba su madre”. “Borges apoyó la dictadura y admitió que se había equivocado, cosa que no muchos hicieron”, concluye Gamerro.
Borges y el imaginario porteño
Una jornada especial con lecturas, música y recorridas por la muestra Borges: ecos de un hombre en el Centro Cultural Recoleta se realizará este domingo 14 de junio desde las 18 horas. El ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, con el apoyo de Penguin Random House (el grupo editorial que publica la obra del escritor) organizan este ciclo de actividades para homenajear a uno de los escritores más universales. La obra de Borges continúa iluminando el imaginario porteño y permanece profundamente arraigada en la identidad cultural de la ciudad que inspiró tantas de sus páginas.
La celebración culminará a las 19 horas en La Capilla del Recoleta, donde habrá lecturas de textos del autor de Ficciones, y piezas musicales, en una evocación colectiva que buscará mantener viva la presencia de quien convirtió a Buenos Aires en una de las geografías esenciales de la literatura universal. Entre los que leerán y le pondrán música al homenaje se destacan Cecilia Roth, Pedro Aznar, Laura Novoa, Sylvia Iparraguirre, Federico Pereiro Quinteto y Amelita Baltar, entre otros.
Copio este excelente artículo de Silvina Friera sobre los 40 años que se han cumplido de la muerte de Borges. Asimismo hoy hace 90 años que murió Chesterton, uno de sus escritores favoritos. Separados por 50 años exactos, evoco la memoria de Borges y Chesterton, dos autores fantásticos, inmortales, eternos e imperecederos. En cuanto tenga tiempo escribiré una reseña sobre los 40 años de la desaparición corporal de Borges, no de su estilo ni de su espíritu universal.
Granada, a 14 de junio de 2026