Nos encontramos actualmente en una situación crítica. A nivel cultural, social, moral, político y económico, Occidente está dando sus últimas bocanadas antes de convertirse en cadáver. La deriva ideológica de la postmodernidad nos ha conducido al quiebre de la Razón, esa Razón que los ilustrados veneraban como una diosa propia y que hacía ya innecesaria la religión y la fe. Tras el siglo XVIII francés y la Revolución Francesa, el siglo XIX entra en una fase donde las ciencias se especializan y los conocimientos de las distintas ramas del saber aumentan de forma tan exponencial que las tesis positivistas se imponen y las humanidades comienzan a morir. La filosofía deja de plantearse cuestiones trascendentales después del idealismo alemán, con Hegel como último pensador que trata de crear un sistema que explique la totalidad del universo y el puesto que el hombre tiene en él. Schopenhauer también crea su propio sistema y lleva a Kant hasta el final según sus propias palabras. (No podemos entender la sociedad actual sin Kant ni Hegel. Es inconcebible) Nietzsche ya es una expresión de un filólogo que divaga haciendo filosofía y cuyo sistema está basado en fragmentos y en ideas parciales. Entramos en el siglo XX y la filosofía analítica y del lenguaje dominan todo el ámbito anglosajón. En el continente la metafísica ha muerto y la quiebra de la razón se ha hecho manifiesta. Aún hay algún retazo de escritores humanistas que intentan salvar la totalidad o ver el mundo sub specie aeternitatis, pero el barco ya se está hundiendo y sólo salen a flote restos del naufragio. En un mundo ya prácticamente sin Dios, después de dos guerras mundiales que se suceden en un plazo de veinte años, el hombre ha sido abandonado a su suerte. Heidegger se plantea la angustia existencial del Dasein ante la muerte. Arguye que el ser humano es un ser para la muerte (Sein zum Tode). Grave es que Heidegger sea considerado el mayor filósofo continental del siglo XX, aunque sus reflexiones y aportaciones sobre el tiempo y la temporalidad sean más que notables. Y luego la filosofía deja de existir. Aparecen la antropología cultural, el psicoanálisis y el estructuralismo que se entrelazan como un ménage à trois. Con mayo del 68, cuyo lema es prohibido prohibir, entramos en la decadencia ya irremediable e irreparable. Según Deleuze, el pensamiento ahora no es de tipo raíz, tronco y ramas, sino rizomático, extendido como el césped. Las relaciones sociales se rompen. Empiezan los vínculos a través de una pantalla. Estamos hiperconectados pero cada vez más solos. Las tasas de trastornos mentales no dejan de crecer. La situación laboral es cada vez más insostenible. Las parejas ya no pueden formar un hogar o tener hijos debido a la situación económica. Ya no hay relaciones duraderas. El mercado se endeuda. La sociedad está atomizada y los átomos ya no se unen para formar moléculas. Ante la pérdida de identidad de la gente y los problemas psicológicos que se derivan de una sociedad esquizofrénica, que está esclavizada ante la recompensa inmediata y el estímulo instantáneo, la atención se ha roto. En este contexto aparecen los libros y los autores de autoayuda y desarrollo personal para perpetuar un sistema que ya no se sostiene. Se niegan las circunstancias particulares, el contexto, las aptitudes de las personas, las condiciones materiales y socioeconómicas y te dicen que todo es una cuestión de constancia y actitud. La New Age prolifera en todos los sectores. Aparecen jóvenes que no saben ni resolver una ecuación de segundo grado vendiéndote cursos de cómo hacerte rico con criptomonedas. Un gurú te dice que tengas mentalidad de tiburón y que te levantes a las 5 de la madrugada a hacer burpees para poder convertirte en millonario. Te cobra 5000 euros por decirte eso. Proliferan las sectas en los sectores del coaching y del desarrollo personal, que se disfrazan como cursos de empoderamiento y que te van a cambiar la vida en jornadas intensivas de fin de semana o los famosos retiros espirituales de alto costo para meditar y conectar con tu yo superior. Aquí aparecen las dinámicas de grupo identitarias y sectarias para separarte del resto de la sociedad y por supuesto de tus amigos, familia y seres queridos. Esto me preocupa enormemente porque el auge de las sectas se ha multiplicado en España en los últimos años y sobre todo a través de las redes sociales. Gente famosa escribe libros y ganan premios millonarios y de “prestigio”. Todo es relativo, todo es interpretable, tanto a nivel moral como a nivel epistémico. Todo es respetable. El caos y el desorden se han apoderado del mundo. Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de literatura. Juan del Vals el premio Planeta. Ya todo está perdido
La verdad es que vivimos en una sociedad que potencia el narcisismo, premia al malvado y castiga o, peor aún, es indiferente ante el justo y el bueno. Frente al talento y el mérito, se premia la estupidez y el pensamiento de rebaño. Ante esto tengo que decir lo mismo que decía el grandísimo Antonio García Trevijano. Si mirase ahora por la ventana y viese el sol y el calor que este desprende y un millón de personas me dijese que está lloviendo, yo les diría: estáis todos equivocados, aunque seáis un millón de personas. Una mentira no deja de ser una mentira porque la repita una muchedumbre y un colectivo. Por cierto: esto es una forma de propaganda y de ingeniería social que ya aplicaban los nazis: una mentira contada muchas veces se termina convirtiendo en una verdad.
Los romanos ya sabían que la masa era necia. Pan y circo. Ahora es Instagram y Tik-Tok. Lo cierto es que un hexámetro de Virgilio vale más que cualquier canción de reguetón (el reguetón no es música y el contenido de las letras de las canciones es vomitivo y asqueroso). Lo cierto es que un soneto de Quevedo vale más que cualquier poemario que haya ganado hoy un premio, que además están comprados previamente por la ideología del autor/a. No todo es literatura. Cervantes solo hay uno. Shakespeare solo hay uno. Goethe solo hay uno. Dante solo hay uno. Borges solo hay uno. Leed a los clásicos.
Frente a este panorama, busquemos sintetizar conocimientos, encontrar patrones, prever conductas, conocer e indagar el pasado para que no se repita. Resistid y haced como yo. Limpiaos el culo con la posmodernidad.
Granada, a 2 de junio de 2026