La sabiduría del padre Brown

En la literatura policial hay personajes entrañables e inmortales. Tomemos el caso de Sherlock Holmes y el doctor Watson. Todos recordamos con fruición las deducciones magistrales del genial Holmes mientras asistimos como Watson admirados a la resolución del enigma. Arthur Conan Doyle creó un prototipo que le ha sobrevivido, un personaje de carne y hueso. Asimismo Agatha Christie creó con emoción al mejor detective del mundo, Hercules Poirot. Las formas de deducir de ambos personajes son muy parecidas; emplean la lógica para llegar al final del asunto. Comparemos a estos dos personajes con el candor del padre Brown, personaje literario creado por el genio de Chesterton. El padre Brown es un sacerdote católico en la Inglaterra anglicana. Se trata de un personaje resabiado, que da lecciones de humildad a todos los que le rodean, siempre en nombre de la razón y la lógica, aunque la explicación inicial parezca fruto de la magia o lo demoníaco.

De todos los relatos que componen este precioso libro, cabría destacar la ausencia de Mr Glass, donde los razonamientos del sacerdote se imponen ante la soberbia de un investigador privado, y el dios de los Gongs, con un final asombroso y fatal. Chesterton es un escritor clásico, cuya mayor influencia tal vez pueda ser la de Stevenson. Declaró que el mejor libro salido de Alemania eran los cuentos de los hermanos Grimm. Denostó el culto a Goethe y a Ibsen. Sus creaciones literarias, muchas veces basadas en textos bíblicos, bien podrían haber sido consideradas una pesadilla. Por eso dice Borges que Chesterton podría haber sido Kafka, pero que felizmente para el lector y para la literatura, fue Chesterton. Basándose en un texto del Apocalipsis, Chesterton escribe que la noche es un monstruo hecho de ojos y mayor que el mundo. Encontró la oposición de Bernard Shaw, que dijo que había formado un monstruo literario llamado Chesterbelloc, debido a su asociación con el escritor inglés Belloc.

La labor ensayística de Chesterton explora todos los rincones de la literatura inglesa. A mí me parecen eternos los volúmenes de las biografías de Dickens y Browning. También el libro sobre Chaucer está lleno de momentos mágicos. En poesía Chesterton destaca por su labor intelectual. Sus poemas están ensamblados en los argumentos de la recta razón. La saga del padre Brown es imperecedera, pues así dijo Borges que aunque el género policial desapareciese, siempre quedarían estos exactos volúmenes como recuerdo del género.

Chesterton también es conocido por sus famosas novelas. De todas ellas, básteme recordar la que más me gusta. El hombre que fue jueves, una alegoría de índole religiosa cuyo personaje oculto y secreto central es Dios. Walter Benjamin distinguió entre el símbolo, producto de lo posible, y la alegoría, ejecución de lo imposible. Cuando leemos esta novela, sentimos que todo es posible, pero al llegar a su conclusión nos vemos en el brete de decir que lo que ha ocurrido es un imposible, una alegoría mágica, para emplear la terminología de Benjamin.

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