Esta novela corta de Herman Melville (1819-1891) fue una de las que más desapercibidas pasó dentro de la producción del escritor norteamericano. Melville no fue reconocido en su época, aunque hoy en día es uno de los clásicos de la literatura norteamericana. Bartleby, un amanuense que empieza a trabajar en una firma de abogados de Nueya York, es un hombre que no quiere actuar, que tiende a la pasividad y a la inacción. El narrador que nos cuenta la historia trata de empatizar con Bartleby y demuestra una cierta compasión hacia su actitud y su conducta fija y que puede parecer rebelde. Cuando se le asigna una determinada tarea, Bartleby responde con un tajante “I would prefer not to” que se ha traducido como preferiría no hacerlo. Melville ha creado a uno de los primeros personajes nihilistas y tal vez existencialistas de la literatura moderna. Hay una clara influencia del relato Wakefield de su amigo Nathaniel Hawthorne, a quien dedicó la que con el tiempo sería su obra maestra y el clásico por antonomasia de Norteamérica, Moby Dick. En ambos autores se revela una clara creencia en el Dios calvinista y en una doctrina de la predestinación. Planteo la pregunta, ¿es acaso Bartleby libre en su decisión de no actuar, o está dentro de un engranaje cósmico donde todo está determinado? ¿no es acaso el personaje de Bartleby un hombre que ha perdido su lugar en el mundo y en el universo, y que decide rendirse, un ser al que han sacado de su lugar natural y que no puede adaptarse al nuevo mundo? Las interpretaciones de esta obra van desde la alienación que Marx teorizaría varios años después hasta el sinsentido de la vida o la deconstrucción postmoderna como la ve Deleuze. Desde el ámbito sociológico creo encontrar una relación con lo que Durkheim describió como anomia, la falta de leyes en las sociedades urbanas y modernas que conducen a la destrucción de estas: la decadencia moral, el suicidio, la pérdida de referentes se asocia con la falta de unos códigos, en este caso legales, que unen a las sociedades. Durkheim veía esta cohesión en el papel que juega la religión. Está claro que Bartleby es un personaje que prefigura la obra de Kafka, pero en el personaje de Bartleby es el individuo el que no consigue adaptarse al mundo, mientras que en las novelas de Kafka son el mundo y el sistema los que oprimen a los protagonistas. Kafka describe a sus personajes como perdidos en un laberinto de leyes que no entienden, en una burocracia que nadie comprende cómo funciona y de la que es imposible escapar. Si bien Melville tiene ciertas influencias en las descripciones de Dickens, es realmente con Dostoievski con quién se establece un vínculo de hermandad. Dostoievski afirma que “si Dios no existe, todo está permitido”, lo cual es una declaración no sólo de un relativismo moral que conduce a la perdición, sino también un relativismo epistemológico en el más pleno sentido de los sofistas. Dostoievski dota a sus personajes de ciertos atributos y de esencia, aunque en ellos habite la contradicción. El Bartleby de Melville es más indeterminado, más parecido a un caos amorfo al que hay que darle una forma para poder inteligirlo. Kafka dijo que su literatura era un epígono de Dickens. Ciertamente la descripción que Dickens hace del Tribunal en el primer capítulo de Casa Desolada es una expresión de un ambiente de opresión, de relaciones invisibles que rigen a la persona, si bien es tan solo un esbozo en potencia de lo que Kafka describirá en obras como el proceso o el castillo. ¿Cuáles son las extensiones de este personaje tan abúlico, cual Asno de Buridán? En el siglo XX tenemos la obra de Camus (que reconoció que Melville era una de sus fuentes) o de Beckett con una obra como esperando a Godot. Si bien la obra de Henry James la bestia en la jungla es, en expresión de Borges, “la cumbre de la novela psicológica” Asimismo un relato como los duelistas de Joseph Conrad debería ser considerado una ramificación del arquetipo que Melville traza en Bartleby. Personajes que obran sin una causa racional, que violan el principio de razón suficiente y que actúan sin motivo cognoscible o por procesos estocásticos fuera del sentido lógico del mundo. La obra de Melville es una obra que depara felicidad al leerla. Si bien sus primeros libros como Taipi y su secuela Omoo no fueron bien recibidos por los especialistas, así como la feroz crítica que recibió su novela Pierre o las ambigüedades, Moby Dick y otras obras como Benito Cereno o la inacabada Billy Budd ya han logrado que Melville esté entre los mejores autores de la literatura norteamericana y de la literatura universal. Su obra fue puesta en valor a partir de los años 30 del siglo XX por autores como D.H Lawrence. El siglo XIX estadounidense dio grandes autores a la literatura: Hawthorne, Melville, Poe, Emerson, Whitman y Thoreau son los más representativos. Si bien Henry James es considerado el mejor novelista de Norteamérica por algunos críticos, y Mark Twain es el padre de la literatura norteamericana, yo me atrevería a afirmar que en Melville están la materia prima y la sustancia primera que dieron lugar a una de las literaturas más emblemáticas de Occidente. Llamadme Ismael, pero Melville debe ser considerado uno de los pilares de la literatura estadounidense.
Granada, a 25 de septiembre de 2026