Anne Conway

Anne Finch, que pasó a llamarse Anne Conway tras su matrimonio, tuvo una breve vida (14 de diciembre de 1631- 18 de febrero de 1679). Fue una filósofa bastante influyente en el Reino Unido, vinculada a los platónicos de Cambridge, entre los que se cuentan pensadores tan importantes como Henry More y Ralph Cudworth. (La correspondencia entre More y Descartes es sumo interés para conocer las problemáticas de la cosmología del siglo XVII, así como el papel de Dios en el mundo). Conway es la introductora del término mónada en la filosofía moderna, término que ya Giordano Bruno conocía y que se origina en las doctrinas de los pitagóricos. Monas significa unidad en griego clásico. En el ámbito del ocultismo y el esoterismo tiene gran importancia (véase la obra de John Dee la mónada jeroglífica). Conway ha sido denominada una proto-Leibniz, pues aunque Leibniz fue el que desarrolló la doctrina de la monadología hasta sus máximas consecuencias, hay ciertos paralelismos con el pensamiento de Conway. Esta pensadora mantiene un universo infinito en el tiempo y en el espacio, poblado de criaturas. Dios no puede convertirse en sus criaturas ni sus criaturas en Dios. Vemos la similitud entre esta tesis y la sostenida por el genio alemán cuando este dice que la materia está actualmente subdividida hasta el infinito y que dentro de un estanque de peces puede encontrarse un universo lleno de nuevas criaturas. En el pensamiento de Leibniz el universo está compuesta por millones de mónadas, y hay una mónada central que es Dios. Leibniz espiritualiza el cosmos y habla de átomos inextensos o espirituales, que son los verdaderos elementos de las cosas. La materia es tan solo un fenómeno, como el arco iris. Sin embargo, Leibniz, descubridor del cálculo infinitesimal junto con Newton, negaba que los infinitésimos existieran en la realidad. En su correspondencia con Bernoulli le confiesa que él cree que estos infinitésimos son tan solo un instrumento que usa la mente para analizar la realidad. Bernoulli, por su parte, cree en la existencia real de los infinitesimales y habla de mundos dentro de mundos. Leibniz se carteó con Conway y la tuvo en muy alta estima. Como embajador en distintas cortes europeas, Leibniz se carteaba con varias princesas. De hecho se le llegó a apodar filósofo de las princesas. Mantuvo correspondencia con Isabel de Bohemia y llegó a visitarla en Herford poco antes de su muerte. Isabel, ex alumna de Descartes, influyó en la maduración del pensamiento del genio de Leipzig. También se carteó con la duquesa Sofía Carlota de Prusia. Leibniz era un hombre objetivamente feo, pero despertaba pasiones entre las damas de la alta sociedad debido a su apabullante inteligencia de polímata, a su conversación y a su amabilidad y afabilidad. Leibniz permaneció soltero toda su vida. No se sabe si tuvo algún desliz con alguna de estas mujeres de la nobleza. Estaba tan ensimismado en descubrir los misterios del universo y sus intereses eran tan variados que se le consideró el último hombre que llegó a abarcar todas las ramas del conocimiento antes de que las ciencias empezaran su proceso de independencia con sus correspondientes especializaciones. Pero esta reseña no quiere expresar ni explicar la complejidad del pensamiento de Leibniz. Basta a los lectores de este breve comentario informar del papel capital que Anne Conway tuvo en el desarrollo del sistema de uno de los más grandes filósofos de la historia. La monadología de Leibniz ha sido considerada por ciertos especialistas como la precursora de la relatividad.

Gracias Anne Conway

Granada, a 9 de marzo de 2026.

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