Estamos a 14 de febrero de 2026, día de los enamorados. He visto a un joven comprando un ramo de rosas en la cola del supermercado para, imagino, su novia. Bellos tiempos son aquellos en los un ramo de rosas y una carta de amor o un poema eran vistos como señales de amor verdadero, y no tenemos que remitirnos a los románticos del siglo XIX. Hoy sin embargo mostrar amor de esta forma se ve como una tontería, una cursilería o directamente una pérdida de tiempo. Tristes tiempos en los que vivimos, donde se busca la validación de desconocidos en redes sociales, el “amor” se muestra con un corazón y las relaciones terminan a través de una pantalla (Que quede claro que las personas que hacen esto son unas cobardes e inmaduras emocionales, por si aún hay alguien que no lo tenga claro o lo pretenda justificar) Está claro que nos encontramos en la Edad de Hierro de Hesíodo.
En una época donde un influencer te dice qué debes hacer para convertirte en millonario vendiendo cursos para compartir su falsa riqueza, donde hay tantos creadores de contenido en el tema fitness que no puedes salvar las contradicciones entre lo que dice un coach personal ni distinguir entre este tipo de publicidad barata y la de un profesional con años de experiencia; en una época donde pretendemos sanar un trauma de infancia viendo un reel de Instagram con una frase completamente general que además sabes que te está mintiendo pero te autoengañas para terminar creyendo que te servirá; en un tiempo en el que un psicólogo/a te habla de cómo debe ser tu relación de pareja ideal y lo que es el amor y que practiques el desapego ante todo como si fueses una pared de ladrillos porque tenemos que tener amor propio y autoestima (que luego se disfraza de narcisismo encubierto); psicólogos que escriben libros dándote la receta y la solución al enigma de la vida y de la naturaleza humana, pero que no saben aplicar sus métodos en sus propias vidas. Personas que te hablan de empatía, esa palabra mágica que todo el mundo tiene en los labios pero que nadie practica (Todos exigen empatía para con ellos pero no la tienen con sus semejantes). Speakers que tienen millones de seguidores y visualizaciones que te van a arreglar la vida, pero cobrándote un dineral por asistir a sus conferencias (Evidentemente ellos quieren ayudarte con sus consejos de taza de café, no sacarte tu dinero en un momento de vulnerabilidad). Gente que habla del amor y te dicen que hay que ser buena persona, pero que cobran 20000 euros por decir semejante simpleza (como si fuese sencillo ser buena persona o amar y perdonar a tu enemigo y a quién te ha traicionado); aprendizajes que podrías obtener leyendo los Evangelios 15 minutos antes de irte a dormir y sin que te cueste un euro. Estos motivadores que aparecen como perfectos seres de luz pero que se hacen millonarios vendiendo falsas esperanzas y falsas doctrinas a gente con problemas complejos y por supuesto sin juzgar a nadie, porque todos somos inmaculados, sin defectos ni vicios. Ya he descrito demasiado bien a estos charlatanes que se venden como ángeles, pero que son demonios disfrazados bajo una capa efímera de luz de neón. A quienes Cristo condenaba, hipócritas y fariseos. La metáfora de Cristo es muy visual cuando dice sepulcros blanqueados, que por fuera aparentan bondad y belleza, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y putrefacción.
Ante esta panorámica de amor de Tinder virtual (espero que se aprecie la ironía que quiero transmitir con el hecho de buscar el amor verdadero y genuino en una página cuya finalidad es el sexo casual), voy a intentar hacer una reflexión más o menos seria, realista y también idealista, del amor (Sí, una de mis pasiones es cagarme en la postmodernidad y en todo lo que ha traído)
Amor ¿qué es?
Visto desde un punto de vista meramente humano, el amor es un tipo de afecto que consiste principalmente en salirse de sí mismo y entregarse al Otro. Es decir, salir del Yo y encontrarte en el Otro. Pero si entro más en profundidad en esta palabra mágica, tiene varios componentes: primero, el amor no es el enamoramiento. El enamoramiento es un sentimiento pasajero que descarga una serie de neurotransmisores a nivel químico y se comporta como una droga. Tenemos adicción de la otra persona, queremos estar con ella, no vemos sus defectos, nuestro cerebro está con niveles de dopamina tan grandes que no podemos ver la realidad. Por eso decía Ortega y Gasset que el enamoramiento es una enajenación mental transitoria. Por tanto, el enamoramiento no es amor, es tan sólo un catalizador que puede o no conducir al amor. Un nivel aun inferior sería la atracción, en la que sólo se desea poseer físicamente a la otra persona. Digamos que el enamoramiento es el puente que lleva al amor si se pone voluntad. Por eso el amor es, como la bondad, una decisión diaria de nuestro libre albedrío. Hay que cuidarlo como un jardín o como cuidamos nuestra alimentación. Si no riegas una planta, se marchita. Lo mismo sucede con una persona. Por cierto, que el amor de pareja es tan sólo uno de los muy diferentes tipos de amor: también tengo amor por mi perro, tengo amor por mi madre, tengo amor por mis amigos, tengo amor excelso a los libros, tengo amor a una bella melodía, a un cuadro de Turner, a un verso de Boileau y a un párrafo de Kant, amor a escuchar poemas en alemán, amor a definir el tiempo en latín y a describir el poder del tiempo en griego; tengo amor a Dios. Ahora bien, ¿el amor depende del conocimiento o de la voluntad? Dicen que no se puede amar nada que no se conozca. Cuando el intelecto comprende algo y lo ve como bueno, lo ama. Pero el argumento inverso también tiene lógica, y así es como se describe filosóficamente el enamoramiento. Amar previamente a la persona para llegar a conocerla. Spinoza y Leibniz dieron dos de las más bellas definiciones del amor, aunque son muy desemejantes. Spinoza escribió con gran entusiasmo que “el amor es la alegría de que el otro exista”. Leibniz, por su parte, dijo que “el amor es encontrar en la felicidad del otro la propia felicidad” Y, evidentemente, aunque el concepto de felicidad es subjetivo para cada persona, sabemos que hay actitudes y comportamientos que son malos para nosotros y para los demás. Pongo un ejemplo sencillo: si la felicidad del otro consiste en que se emborrache, yo no lo amo si permito que siga haciéndolo. Es un acto de amor ayudarle a dejar el alcohol y hacer todo lo posible para que deje de beber. Llevarlo a una clínica de desintoxicación es un acto de amor hacia esa persona, aunque ella diga que el alcohol lo hace feliz. Pagarle la terapia es un acto de amor hacia esa persona, no invitarlo a cervezas. De esta forma el amor debe ser una mezcla de entendimiento y voluntad, pero debe predominar el esfuerzo y la voluntad. Otro punto muy importante: el sexo no es amor; lo repito, el sexo no es amor, es placer. El sexo es experimentar placer con una persona, con la persona que amas. Sería la máxima expresión del Eros. Por supuesto el amor como palabra general se queda corta para diferenciar los distintos tipos de amor (los griegos diferenciaban hasta cuatro), y el erótico es el inferior de todos ellos. Es el impulso, el instinto con que hemos sido dotados para la perpetuación de la especie. Otro falso mito actual: el desapego. El desapego es algo antinatural y demónico y las enseñanzas budistas que nos han llegado a Occidente lo único que han conseguido ha sido deshumanizarnos. Si mi perro se muere, no me da igual. Me deprimo y lloro y me inunda una pena tremenda. El desapego lo único que nos está transmitiendo es la falta de responsabilidad emocional, el evitar la culpa y el remordimiento, emociones que deben existir y además regulan nuestro sistema nervioso. La culpa y el remordimiento no existirían si no tuviésemos libre albedrío, si supiéramos que no podríamos haber obrado de otro modo. Pero en el fondo de nuestra alma y nuestro ser sabemos que podríamos haber actuado de otra forma mejor. Quien no siente culpa ni vergüenza ni arrepentimiento es un narcisista/psicópata (y estos seres estoy seguro de que están parasitados por seres de la oscuridad o demonios, pero eso es otro tema que intentaré esclarecer en otra ocasión) El yo es lo contrario del ego. Para amar verdaderamente el ego tiene que morir; repito, el ego tiene que morir. El yo no; el yo integra toda nuestra psique y nuestras funciones cognitivas, emocionales y sensitivas. ¿Qué es el ego? Es pensar que yo estoy por encima de los demás, que sólo yo importo y los demás son meros objetos para satisfacerme, mera mercancía e instrumentos que uso como medios. (De aquí que Kant dijese que las personas son fines en sí mismos, nunca medios) El ego es el orgullo, la soberbia y la vanidad. ¿Quién es el arquetipo de esto? Si volvemos a la Biblia, la mayor representación del ego es Satanás, que quiso ser adorado como el Creador. Adán y Eva pecaron y siguieron a la serpiente, engañados por sus mentiras. Al Diablo se le denomina de varias maneras, pero la etimología griega “Diabolos” significa calumniador y acusador. En la Biblia Cristo lo denomina el Padre de la Mentira (Juan 8:44) ¿Cuál es el propósito de Satanás? Extraviar y perder a la humanidad: sus atributos, la mentira, la traición, la falsedad, la ira, la envidia, la maldad suprema. Y ahora vamos a ver qué arquetipo representa Cristo, su adversario. Cristo es el servidor de la humanidad, el salvador, el altruismo, el que se sacrificó siendo inocente. De hecho, si Satanás es el acusador, Cristo es el abogado defensor: ¿qué atributos representa Cristo?: la bondad, la lealtad, la fidelidad, el compromiso, la compasión por el sufrimiento ajeno, la humildad (este es el atributo más importante en una persona) y ante todo el perdón. Si Satanás consiguió que la humanidad se desviara y se apartara de Dios, Cristo es el que nos reconcilia con el Padre con su muerte. El egoísmo se destruye a sí mismo, es la propia condenación. Arrepentirse es todo. Ya dicen las Escrituras que “Dios se opone a los altivos pero da bondad inmerecida a los humildes” (Santiago 4:6 y 1 Pedro 5:5) Esto significa que el favor inmerecido, perdón y gracia de Dios se otorgan a quienes reconocen su necesidad de Él, a diferencia de los orgullosos que confían en sí mismos. Dostoievski cuenta que durante su estancia en Siberia a trabajos forzados conoció a violadores y asesinos de niños y estas personas no se consideraban malas personas. Autojustificaban sus crímenes. Es evidente que en sus almas había espíritus inmundos como los siete que Cristo expulsó del alma de María Magdalena.
Para terminar, viendo que me he ido un poco por las ramas, voy a transcribir algunos poemas de amor en este San Valentín. Concluir diciendo que el vínculo del amor verdadero no sólo debe ser emocional, sino espiritual, porque el espíritu vivifica la materia. Dice Goethe que lo que une los cuerpos no son los átomos, ni a los libros los unen las palabras escritas en ellos, sino el vínculo espiritual. Yo hablaría mejor con las palabras de Leibniz de vínculo sustancial, es decir, la sustancia que permanece a través de los cambios, el substrato.
He aquí algunos versos bellísimos de amor
Un poema de Cummings (traducida del inglés)
“La cara terrible de Dios, más resplandeciente que una cuchara, resume la imagen de una sola palabra fatal; hasta que mi vida (que gustó del sol y la luna) se parece a algo que no ha sucedido. Soy una jaula de pájaro sin ningún pájaro, un collar en busca de un perro, un beso sin labios; una plegaria a la que faltan rodillas; pero algo late dentro de mi camisa que prueba que está desmuerto el que viviente, no es nadie. Nunca te he querido, querida, como ahora quiero”
Es sobre todo de reseñar la última frase que dice “nunca te he querido, querida, como ahora quiero”. No dice “como ahora te quiero” sino que el amor por esa mujer ha modificado su forma de amar al resto del universo. Yo, que compuse versos análogos, a la mujer a la que cantaron Ronsard y Lope, a la que provocó una guerra, me siento identificado con estas frases.
Palabras terminales del Fausto de Goethe, cuando Margarita intercede para salvar el alma perdida de Fausto. (Traducida del alemán)
„Alles Vergängliche / Ist nur ein Gleichnis; / Das Unzulängliche, / Hier wird’s Ereignis; / Das Unbeschreibliche, / Hier ist’s getan; / Das Ewig-Weibliche / Zieht uns hinan“
“Todo lo efímero es sólo alegoría/Lo inaccesible ahí se hace suceso/Lo inefable ahí está consumado/La femineidad eterna nos ensalza”
Y para terminar, una famosa frase de Voltaire (Traducida del francés)
«Quoi que vous fassiez, écrasez l’infâme, et aimez qui vous aime.»
Hagáis lo que hagáis, aplastad al infame, y amad a quien os ame
Dicen que la mayor muestra de amor es la autenticidad. En definitiva, estad con alguien que os muestre interés, que os cuide, que se preocupe por vosotros, y sobre todo que os haga mejores y os cure
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8)