El pensamiento filosófico de Asia

Hace relativamente poco tiempo que he leído este libro del autor Jean Roger Riviére. Contemplo con admiración la erudición que el autor demuestra en su estudio (también me admiro de que los mayores conocedores del pensamiento del Extremo Oriente sean franceses). En el siglo XIX a los europeos se nos dio a conocer el hasta entonces desconocido pensamiento del subcontinente indio. Como no podía ser de otra manera, fueron los alemanes quienes tradujeron por primera vez los Uspanishad y los Vedas, consiguiendo que el pensador occidental se quedase maravillado ante las reflexiones de los sabios brahmanes y las verdades del Buda. El pensamiento hindú tiene interés para el filósofo occidental porque, aunque la filosofía india está subordinada a los dioses y a la religión, los sistemas hindúes tocan temas que no son desconocidos para el europeo: la lógica y los silogismos, la epistemología, el valor y el uso del lenguaje, el debate eterno idealismo/realismo, la causalidad asociada al karma en los sistemas hindúes, el mérito, la gracia y la salvación de este mundo (Anoto que realmente las religiones orientales no muestran un camino hacia la salvación, sino hacia la iluminación. De ahí la superioridad, a mi juicio, del cristianismo. Oriente tiene un tufo demónico, un culto al ego que la New Age ha utilizado para instaurar en la sociedad la falsa doctrina de que “Dios está dentro de ti”, “tú eres tu propio Dios”, “tú eres libre de hacer lo que quieras sin dar cuentas a nadie”. Error de base y engaño satánico. Nosotros, seres humanos, somos criaturas finitas, a imagen y semejanza de Dios, pero no somos Dios. Tenemos el poder de creación, tenemos inteligencia y conocimiento, pero limitados y sólo por participación. Sólo Dios es en esencia infinitamente inteligente, infinitamente sabio e infinitamente bueno. Y esto nosotros no lo podemos concebir ni entender porque la mente humana no llega a comprender el concepto de infinito, entre otros muchos. Hecha esta aclaración, este libro es un buen libro de referencia para adentrarse en los sistemas hindúes y en la historia del budismo. Como digo, tenemos afinidad con estas culturas y estos pueblos. No puedo decir lo mismo de China y su pensamiento. Cada vez que leo una historia de la filosofía china me doy cuenta de que el pensamiento occidental y el chino son completamente antitéticos y no puede haber punto de unión. Marcel Granet, el gran sinólogo cuya obra “el pensamiento chino”es un libro de referencia, establece que todos los rituales chinos, todos sus sistemas están orientados a que haya un orden dentro de la sociedad. En China el orden del cosmos se relaciona con el orden del imperio y de la vida cotidiana. Para los chinos no existe el concepto de Dios como para un europeo, ni el concepto de alma al nivel que se desarrolló en Grecia. Los chinos creen en la astrología, pero predicen el futuro sólo con fines políticos y prácticos para gobernar el Imperio. Aparte de Confucio y Lao Tse, algo más místicos, sobre todo el último, el pensamiento chino en su conjunto tiende a implantar un orden moral y un manual de conducta. Para un chino no existe la piedad ni la compasión. Todo es una cuestión de honor. Los planteamientos de los pensadores chinos son eminentemente pragmáticos. Unos hablan del amor que todo lo abarca, como Mencio, al igual que el amor predicado por Cristo. Otros de si la naturaleza humana es buena o mala en esencia. Otros crean ficciones metafísicas maravillosas, como Zhuangzi y su sueño de la mariposa: Zhuangzi soñó ser una mariposa. Cuando despertó no sabía si había soñado que era una mariposa o una mariposa estaba soñando que era Zhuangzi. Vemos aquí anticipado por muchos siglos el problema de la distinción entre el sueño y la vigilia de Descartes. Una cosa queda clara: para los chinos sólo existe la naturaleza y el hombre forma parte de ella. No hay signos ni señales de trascendencia, aunque pueden comunicarse con los muertos, pero el propio idioma chino no ha desarrollado palabras para explicar conceptos abstractos como tiempo, espacio, materia, idea, forma, etcétera. Esto tal vez se deba a que China ha sido la única civilización que ha estado prácticamente aislada del mundo, salvo por la invasión mongola. Es por eso que China es un país cerrado y una cultura hermética. Por eso cuando los jesuitas intentaron evangelizar la zona fracasaron. Al parecer los chinos no pueden concebir un Dios omnipotente que haya creado el universo de la nada y no tienen un término para denominar la nada. Creen en un universo eterno, como los atomistas o Aristóteles. Transcribo unos pasajes del libro: “Siun-Tse fue el Hobbes chino, el investigador de la cultura exterior, artificial, a expensas de la naturaleza, considerada como mala en sí misma. En efecto, el punto por el que se separó, inconscientemente, de Confucio, a quien por otra parte tenía en gran veneración, fue la doctrina de la calidad moral de la naturaleza humana”. “La naturaleza humana es mala, digo; lo que tiene de bueno es artificial; la naturaleza humana, desde el nacimiento, tiene el amor del lucro sin que exista el desinterés” (páginas 345-346) ¿No es acaso esta la doctrina cristiana de la caída por el pecado original? En la Teología Germánica se dice que Dios y el hombre estaban unidos en el infinito, a nivel espiritual. La comida del fruto del árbol prohibido provocó la separación espiritual del hombre con Dios. Jesucristo vendría a reparar y recomponer de nuevo lo que estaba roto. No puedo dejar de mencionar la analogía con la frase de Anaximandro, que tal vez fue iluminado en el siglo VI a.C en la Grecia de los presocráticos: “El principio (arjé) de todas las cosas es lo indeterminado (ápeiron). Ahora bien, allí mismo donde hay generación para las cosas, allí se produce también la destrucción, según la necesidad; en efecto, pagan las culpas unas a otras y la reparación de la injusticia, según el orden del tiempo”.

Para profundizar en el pensamiento Oriental, recomiendo varios libros: “la filosofía de la India” de Fernando Tola y Carmen Dragonetti. Asimismo, el libro de Heinrich Zimmer “filosofías de la India”. Más antiguos pero también imprescindibles son las obras de Max Müller y Paul Deussen. Desgraciadamente no hay traducción al español del segundo, pero sí al inglés. De Max Müller recomiendo ante todo su «mitología comparada«. En cuanto a China, en español existe el libro arriba mencionado de Marcel Granet “el pensamiento chino”. También recomiendo la obra de Arthur Waley, excelso orientalista y sinólogo, salvo que se encuentra en inglés y sin traducción al español, al menos por lo que he investigado. La obra fundamental de referencia sería la «historia de la filosofía china» de Wolfgang Bauer.

P.D: no he tratado la filosofía japonesa de la que se habla en este libro debido a la falta de profundidad y a la ausencia de un análisis riguroso y más crítico y a la existencia de clichés y tópicos sobre el Japón y su cultura.

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